jueves, 17 de noviembre de 2011

Preguntas y respuestas


¿Lo importante es ser feliz? ¿O lo importante es ser libre? ¿Es prudente optar por ser feliz olvidándose de ser libre? ¿Podremos ser felices y libres?

¿Es legal mentir para defender a un culpable? ¿Es legítimo? ¿Les pesará la conciencia a mentirosos y culpables? ¿Tendrán conciencia? ¿Existirá la conciencia?

¿Es la pereza la madre de todos los vicios? ¿Todos los vicios son malos?

¿Por qué el ejercicio de la medicina se convirtió en un negociado tan despreciable? ¿Los que especulan con el precio de los medicamentos no deberían ser juzgados por eso?

¿Es más ilegal robar un banco que fundarlo? ¿Por qué tenemos que pagar todos las crisis de los bancos si cuando ganan no reparten los beneficios entre todos?

¿Por qué los gobiernos ceden ante la presión de las iglesias? ¿Cuándo conseguiremos separar los estados de las religiones? ¿Hasta cuándo vamos a subsidiar a algunos cultos religiosos? ¿Las iglesias neo pentecostales son las nuevas plagas de Egipto? ¿El Papa (este Papa) no tendría que entregarse a la justicia para ser juzgado por sus delitos de lesa humanidad?

¿Cuándo va a reaccionar la humanidad ante las injusticias que matan millones de personas?
¿Todos tenemos derecho a ser como somos? ¿El que me discrimina también? ¿Qué hay de malo en ser diferente?

¿No sería bueno que existiera el infierno solo para que los asesinos, represores y torturadores de toda dictadura tengan un lugar para toda la eternidad?

¿La humanidad encontrará un día su camino? ¿Algún día será más importante ser que tener? ¿Estará alguna vez la economía al servicio del hombre? ¿Dejaremos alguna vez de destruir sistemáticamente el planeta? ¿Qué heredarán las generaciones futuras? ¿Habrá futuro?

¿Los textos deben tener alguna lógica? ¿Todo texto debe dejar un mensaje? ¿No debiéramos tener todos la capacidad de escribir bellamente? ¿Alguien es un escritor si solo escribe en su blog?

Yo ya propuse las preguntas. Les dejo a ustedes las respuestas.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Volver a los diecisiete




No viví el siglo al que hace referencia Violeta en su hermosa canción. Pero ya pasé el medio siglo y una sorpresa me fue deparada en mi último viaja a Buenos Aires.

- Volvió a pasar tu compañero de la secundaria y volvió a dejar un teléfono. En realidad dejó una tarjeta. – Me informó mi madre al llegar a su casa; la de toda la vida.
- ¿Cuál compañero? ¿Daniel? – Quise saber.
- Sí, ese.
- ¿Y dejó una tarjeta? ¿Seguro que es Daniel?
- Ya te la busco… Acá.
- ¿Abogado?

Confieso que me ganó la curiosidad. Llamé y atendió Daniel. Hacía 33 años que no nos veíamos. A los 17 yo decidí irme a un seminario, para estudiar para ser cura. Había terminado cuarto año de la secundaria y me fui sin terminarla junto a mis compañeros.

- Si te hubiera cruzado por la calle no te hubiera reconocido. – Fue la frase de Daniel antes de fundirnos en un abrazo que esperaba hacía tantos años.
- Vos estás igual. – Dije, y es cierto.
- Decime una cosa. – Daniel cambió el tono amable por uno de reproche. – ¡Explicame por qué desapareciste así! Cuatro años juntos, volviendo a casa juntos cada día después de clases, montones de cosas vividas y desapareciste sin dar noticias.

Balbuceé algo. Yo no tenía muy claro, a tanto tiempo de distancia, por qué había hecho lo que hice. La siguiente pregunta, era la que pensé que no llegaría.

- Bueno. ¿Te casaste?
- Rebobinemos. – Dije acompañando mis palabras con todo mi cuerpo. – Daniel, yo soy gay de toda la vida. De siempre.
- Todo bien. – Había sorpresa en la cara de Daniel, pero la manejó muy bien. – Donde yo milito hay dos chicas que son pareja…

Casi me tiento y le dijo que yo también tengo un amigo judío y otro negro, pero me contuve. La charla siguió por los caminos usuales. Entonces sacó el celular e hizo un llamado.

- Hola Master, acá te va a saludar alguien que conocés. – Dijo y me pasó el aparato.
- Hola…
- ¿Franco? Soy José Luis.
- ¿Simonetti, José Luis? – Bromeé, como si pasara lista, allá en los setenta.
- El mismo. ¡Qué alegría! Tenemos que vernos.
- Sin problema.

Marcamos un encuentro para cenar. La promesa era que reunirían a todos los compañeros que pudieran. Finalmente llegaron tres: José Luis, Rodolfo y Gustavo. Y una vez más la pregunta fatídica. Y otra vez aclaré que soy gay. Después de horas de charla sobre los más variados temas, volviendo a mi orientación sexual, José Luis dice:

- Crecimos, cambiamos… Si me decías que eras puto en la secundaria te cagaba a trompadas. – Y todos largamos la carcajada.
- Si a mí alguien en la secundaria me decía que eras homosexual no le creía nada, es más, lo peleaba. – Amplió Gustavo. - ¡Si nos cambiamos todos juntos antes y después de gimnasia dos veces  por semana! ¡Cómo va a ser puto!

La cena llegó a su fin. Montañas de anécdotas. Tratamos de hacer memoria sobre situaciones que unos recordábamos de una manera y otros de otra, hablamos de compañeros que ya no están, de intentos de reunirse, de los bailes de aquellos años, de los compañeros que viven en otros países, de sus familias: esposas, hijos, nietos… Nos despedimos con la promesa de un próximo encuentro, organizado con más tiempo para que puedan venir más compañeros.
Para evitar que otra vez (otros compañeros) me vuelvan a preguntar si me casé, creo que voy a ir de minifalda y tacos altos.

domingo, 30 de octubre de 2011

Un viaje



Después de mucho tiempo regresé a Buenos Aires a visitar familia y amigos.
Aquí algunas fotos.


Festejando el cumpleaños de Raul con mi familia.


Raul y Diego.


Cantando en casa de Edgar, en La Plata.


Con Cocoa, la cachorra de mis sobrinos Seba y Gise.


En casa de Alfredo.


En casa de Juan y Mariano, con calor.


Mi lugar a la mesa, para cenar con amigos en Luján.


Los amigos de Luján, vino mediante.


Encuentro con compañeros de secundaria (promoción 79).


En casa de Mario.


Con Raul.




Cena de despedida, en familia.

sábado, 22 de octubre de 2011

La vida es sueño (Parte 3 de 3)



Ahora estoy en Luján (donde viví por unos 15 años), con mis amigos.

Salimos del lugar en el que estamos, con el Checho, en el auto que tenía allá por el año 92 o 93, un Fiat 128, rojo. Vamos de camino, juntos, hasta la casa de Lili. Parece que llegamos y en realidad paramos en una plaza que queda cerca de la casa de Lili, pero no es el lugar al que nos dirigíamos.

Allí bajo del auto –Checho desaparece, el auto no- y entro en lo que resulta ser no una casa, sino una capilla.

Dentro de la capilla está mi madre que, con total naturalidad, me pregunta:

- ¿Cómo es ser gay, hijo?

(Nota del Autor: mi madre sabe de mi orientación sexual, pero jamás saldrá de su boca la palabra gay, ni preguntará de modo alguno por nada relacionado al término y todo lo que éste involucra.)

Yo quedo un poco perplejo ante la pregunta y me hermana mayor (gracias Susana), se apresura a decir:

- Dejame a mí. Yo se lo explico.

Allí, en el espacio que hay en las iglesias entre la primera fila de bancos y el altar, comienza una representación al más puro estilo diva de ópera. Y con una voz muy aguda, pero que no deja entender nada de lo que dice, le canta a mi madre – y a todos los presentes – lo que ella entiende por: “cómo es ser gay”.

Cuando termina todos aplaudimos y yo le digo:

- Gracias. Pero no se entendió nada. Tu voz está muy rara.

Entonces, muy sonriente, me responde:

- Debe ser por esto.

Y comienza a sacar de dentro de la garganta una plata entera de maíz, de unos dos metros más o menos de altura, con sus choclos listos para la cosecha.

Desperté.

Bueno basta.

miércoles, 12 de octubre de 2011

La vida es sueño (Parte 2 de 3)


Dos

Ahora yo viajo en un tren que ingresa a un túnel.
Los planos generales muestran un paisaje bucólico.
Mucho verde. Montañas, lagos, cielos límpidos.

El tren está muy lleno de pasajeros. En el compartimiento en que estoy hay mucha gente.

En el siguiente plano (recuerden el carácter cinematográfico de mis sueños) estoy en un vagón-casino, jugando ruleta. Todo el mundo vestido tipo película de James Bond: mucho esmoquin para ellos y vestido largo para ellas. Igual que en el plano del compartimiento, hay demasiada gente. Todos con sus copas de champaña en alto, para no derramarla al chocarse con los otros pasajeros.

Entonces miro por la ventanilla. El paisaje pasa veloz hasta que se detiene en un lago. El plano entonces muestra desde el interior del tren en movimiento una especie de isla que hay en el centro del lago. Sin cortes -al más puro estilo Campanella, en la escena del estadio de El secreto de sus ojos-el plano sale del tren y se va acercando a la isla.

De cerca, la tal isla, no es tal. Son muchísimos animalitos unos encima de otros, formando una montaña. La cámara se detiene y muestra en detalle a los animales son una mezcla transgénica de chancho con conejo: cuerpo y cara de chancho, orejas de conejo.

Yo me acerco (¿flotando?) a ver esas criaturas dignas del Dr. Moreau y entonces uno de los engendros, al más puro estilo de boa cerrada del Principito, se traga a otro de los engendros que estaba a su lado.

Por suerte, desperté.



To be continued…


lunes, 3 de octubre de 2011

La vida es sueño (Parte 1 de 3)



Hacía rato que tenía ganas de contar algunos sueños (para deleite de mis lectores freudianos ortodoxos), y una entrada en el blog de mi amigo Edu Pamp me hizo decidir.
Comienzo por el más reciente, para no olvidarlo.

Uno

Mi hermana mayor estrenaba su última pieza de teatro (como autora, directora y protagonista) y nos regala entradas a mi hermana menor y a mí. Ya en la fila nos encontramos con los tres kilómetros de cola que había para la entrada del Rock in Rio el día del Heavy Metal. Con paciencia nos disponemos  a esperar cuando un seguridad nos hace pasar a una especie de VIP.  Y justo detrás nuestro cierra.
Subimos una escalera de peldaños de madera y al llegar a la cima, en una especie de taquilla, nos piden documentos y otros datos absurdos tratándose del ingreso a un espectáculo, como, por ejemplo, ocupación. Mi hermana menor, Ana, molesta, saca de su cartera una foto –demasiado grande hasta para una cartera de mujer-donde está vestida con ropas más que insinuantes y mostrándosela a quien le pedía la información, responde:
-  Yo trabajo de prostituta.
 Yo no voy a responder eso, es un abuso. – digo a mi turno.
En el siguiente plano (mis sueños son muy cinematográficos), estoy en el escenario (robándole el momento a mi hermana mayor, perdón Susana). Es un dormitorio donde hay una gran cama matrimonial. En ella estoy yo junto al actor Jayme Periard y la mismísima presidenta CFK.
Le explico a la presidenta que a mí me gustan los hombres, que no es nada personal, que no lo tome como un desprecio. Y  cuando ella sale de la cama, dedico toda mi atención al actor.
Pero antes de que pase algo interesante (solo consigo acariciarle la panza - y eso que usaba una de esas camisetas sin mangas que son de lo menos eróticas-), cambia el  plano de mi sueño teatral-cinematográfico y estoy sentado a la mesa (en el mismo escenario) con la Cris y un cura, muy delgado, de pelo corto y gris y camisa negra con cuellito…
La presidenta apaga las luces de escena y abre la persiana de una ventana (que está en una de las paredes laterales del escenario) y la vista me muestra que estamos a una gran altura y una ancha autopista, por la que avanzan autos a gran velocidad,  llega hasta la ventana.
Aparece en escena un muchacho de unos veinte años. El cura, después de anunciar que tiene solo 57 años,  pide disculpas, y aclarando que debe irse con su hijo que acaba de llegar, hace mutis por el foro.
Ahí (por suerte) desperté.

To be continued…

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Yo me había imaginado una porno...

Fuimos con Raul a participar de un debate sobre el proyecto de matrimonio igualitario aquí en Brasil. El proyecto lo impulsa un diputado socialista, Jean Wyllys, que llegó al Congreso de una manera bien particular. Jean Wyllys es periodista y tiene una maestría en lingüística. Como tema de su doctorado eligió los reality shows, y se anotó en Gran Hermano para, de entrar, hacer allí el trabajo de campo. En su ficha de inscripción no decía esto, claro, pero sí decía que es gay y por eso, entró al programa en 2005.
Contra todos los pronósticos, ganó esa edición del juego.
Ahora es diputado nacional por Rio de Janeiro e impulsa la reforma constitucional -que aquí es necesaria- para que el matrimonio igualitario entre en vigencia.
En el debate posterior a la exposición algunos de los presentes –gays y lesbianas del ala más radical del PSOL, su partido- cuestionaban la necesidad de reclamar la institución matrimonial para el colectivo. Entre sus puntos de vista mencionaron que la "cuestión LGBT" es solo un gran negocio; que el casamiento (nombre que recibe aquí) es una institución burguesa; que el formato patriarcal y monógamo no tiene nada que ver con las formas de relacionamiento de las personas LGBT, etc.

Notable.

Así como Bruno Bimbi cuenta en su libro sobre el matrimonio igualitario en la Argentina que una parte de los militantes LGBT –encabezados por la CHA- se oponían a la ley de matrimonio, aquí, estos militantes, no consiguen distinguir los alcances de establecer en la agenda política local un debate que visibilice a una comunidad que es blanco de un odio que no encuentra comparaciones. Brasil, según un informe elaborado por activistas LGBT y publicado en la revista Caros Amigos, ostenta el mayor índice de crímenes por odio sexual en el mundo. Frente a esto, cualquier intento que ayude a debatir esta realidad, es bienvenido.

Así como la aprobación de la ley en Argentina permitió que hoy se esté debatiendo la ley de identidad de género, el incorporar en la agenda política de Brasil la realidad de las personas LGBT permitiría que se reflexiones sobre la violenta cultura de odio y marginación que se expande a lo largo y a lo ancho de este país-continente.

Recientemente la presión de las iglesias evangélicas obligó al gobierno de Dilma Rousseff a retirar una campaña de educación sexual impulsada por su Ministerio de Cultura y Educación. Invisibilizando una vez más la existencia de las diferencias.

Por supuesto que no significa lo mismo el matrimonio (o casamiento) para una sociedad con fuertes raíces judeo-cristianas que para el colectivo LGBT. Eso nadie lo discute. Pero de lo que se está hablando aquí y ahora es de equiparación de derechos y de reconocimiento a la diversidad.

Uno de los asistentes al debate llegó a argumentar que la conducta de muchos homosexuales en los saunas estaba reñida con la intención de buscarse la aprobación de una modificación que permita la unión en casamiento de dos personas del mismo sexo. Imposible el debate. No pueden trascender de la anécdota.

Y hablando de anécdotas, en la última fiesta de Osos me encontré con un lindo ejemplar de Osito que hacía bastante que no veía. Nunca habíamos tenido nada y era hora de corregir eso. Fuimos a su casa y cuando los preliminares estaban en su mejor momento me pregunta:

- ¿Te molesta si pongo una película?

Yo, que me entusiasmé imaginando que pondría una porno, respondí:

- No, claro, adelante.

Encendió el televisor y en el DVD ya estaba lista la película motivadora. Cuando comenzaron a sucederse las imágenes yo no podía salir de mi asombro. La película que había puesto para inspirarse y calentar un poco más la situación era Star Wars…

domingo, 18 de septiembre de 2011

El chico de la tapa...

... tiene algunos asuntos pendientes... Canta Fito Páez

Y me acordé ahora de esa canción vieja de Fito porque soy la tapa de la Revista Bear+Magazine de aquí de Brasil (San Pablo, para ser más exactos). Y acá está.



En las páginas interiores hay más fotos.
Los que quieran bajar el pdf es acá.

Gracias a la gente de la Revista.

viernes, 16 de septiembre de 2011

A mí los pobres me dan gases

- Yo podría estar entre los demandantes en La Haya.
- ¿De qué demandantes hablás?
- Los que están demandando judicialmente a Benedicto XVI y sus secuaces de la iglesia romana, acusándolos de haber cometido crímenes de lesa humanidad.
- ¿Te parece Nene? ¿Vos qué tenés que ver?
- Los acusan de, esperá, te leo, tener “responsabilidad directa, por haber tolerado y hacer posible el camuflaje sistemático y extenso de violaciones y crímenes sexuales contra niños en el mundo entero". Digo. Yo era menor de edad cuando tuve la historia con el cura alemán.
- Sí. Pero a vos te gustaba.
- ¿Qué tiene que ver el culo con la mermelada?
- ¿Qué decís?
- A mí me gustaba, claro, pero él era el adulto. Además el otro cura, el viejo que lo trajo a su parroquia, sabía que el cura que estaba trayendo había tenido otras historias y problemas con menores en más de un país de Europa. Eso me lo contó el propio cura alemán.
- Ahí es otro cantar. Un cura, que trae otro cura, que ya había tenido sexo con menores. Es como un plan sistemático: cura pedófilo, lo cambiamos de lugar y listo.
- Parece... Pero cambiemos de tema mejor. Me regalaron para mi cumpleaños un libro de lo más interesante.
- Contá, dale.
- El libro aborda temas de los más variados, de lo policial a las historias románticas, pasando por historias de viajes y demás. Un buen libro de cuentos. Lo extraordinario es el autor. El tipo escribió entre el 1900 y 1920, de sus 20 a sus 40 años. El detalle que escribía acá en Rio de Janeiro, que había abolido la esclavitud hacía poco más de una década y él era mulato. Ya todo un tema. Pero no solo era mulato, además, era anticlerical, gordo y homosexual.
- Bueno, no las tenía todas con él, ¿no?
- Para la sociedad de esa época no, claro. Para mí está perfecto, je. ¡Todas virtudes! Era todo un personaje. Trabajaba en un diario y salía al atardecer de la redacción. Cuando ya era famoso se juntaba un grupo de gente en la puerta del diario para esperarlo salir. Él, para provocarlos se vestía de la manera más llamativa posible. En 1900 salía vestido con trajes de colores chillones como para no pasar desapercibido. La gente que lo esperaba en la vereda, cuando salía empezaba a gritarle: “Bicha, bicha”. Que es algo así como “Maricón, maricón”. Y él, de lo más contento. Además, como era un escritor y periodista polémico confrontaba con todo el mundo y cuando sus detractores querían atacarlo le decían cosas como “montaña de grasa con ojos”.
- ¿Cómo se llama?
- Se lo conoce por uno de sus pseudónimos, João do Rio. Su nombre era Paulo Barreto, pero firmaba como con diez pseudónimos diferentes. El más conocido es con el que pasó a la historia. Además, por su pluma filosa, logró finalmente ser aceptado en los exclusivos círculos de la clase alta vernácula y sus cuentos retratan con una crueldad tremenda los ámbitos que lo recibían. Además, era de los que frecuentaba tanto el jet set de la época como los lugares más sórdidos buscando material para sus historias. Pasaba de los salones elegantes de la alta burguesía o los alrededores del puerto buscando encuentros escabrosos, sin escalas.
- Interesante. ¿Estará traducido algo al español?
- Ni idea… Mientras lo leía me acordé de un amigo que conocí en Buenos Aires hace unos diez años, Carlitos. Un personaje. Fue el que me hizo el primer puti tuor por la ciudad.
- Puti tour, ¿qué es eso?
- Yo vivía en Luján, ¿te acordás?
- Sí.
- Bueno. A poco de comenzar a frecuentar las fiestas de Osos en Buenos Aires me hice amigo de Carlos y una tarde fui a encontrarme con él y me llevó a conocer todos los lugares gays: bares, restaurants, zonas de yire, etc. de Buenos Aires. Todo se circunscribía a la zona norte de la ciudad. Ese era su tour por el putódromo de la ciudad. Cuando le pregunté si no había otros circuitos, que no fuesen en zonas elegantes, me respondió: “No tengo idea. Y si hubiera, no iría, porque a mí los pobres, me dan gases”.
- ¡Qué aparato!

viernes, 13 de mayo de 2011

EL desafío

El pibe descubrió un secreto que le pesaba como una piedra de molino atada al cuello.

Pero el pibe –por ser pibe- no sabía cómo sacarse ese peso de encima. O no se animaba. O le daba miedo. O era vergüenza. O culpa.

Entonces el pibe decidió que no sería suya la mano que le apretaba como una garra la garganta cada hora, cada día, cada noche, cada atardecer desolado.

Habría un desafío.

En cada escalera que se le atravesara en el camino, él saltaría los últimos escalones hasta el suelo, desde la mayor distancia posible. Si se moría en el intento, es que dios no lo quería como él era. Y sus problemas terminarían. Si se lastimaba o se quebraba algún hueso, es que algo estaba mal, pero no tanto como para merecer la muerte. Si salía ileso, entonces podía comenzar a perdonarse y vivir su vida así como era, tal y cual la había descubierto.

A quien lo había violado a sus nueve años ninguna culpa le pesaba como una piedra de molino atada al cuello.

El pibe primero no entendía que era eso que el otro le hacía. Después de un tiempo no le importaba entender, solo sentir. Y sentía que eso le gustaba. Pero siempre que se lo hacía era a escondidas y estaba también la recomendación que nadie lo sepa; de no contar nada. Entonces ‘eso’, pensó, no debía estar bien. De ahí que, si moría en el desafío de saltar desde lo alto de la escalera, es que dios lo estaba castigando.

Comenzó probando con tres escalones, luego fueron cuatro, después cinco… Toda escalera de su infancia era una señal de que el desafío se renovaba y que él debía enfrentarlo estoicamente.

Cuando era sorprendido por algún adulto de la familia en su temeraria empresa - y ante el espanto y desespero de los que lo veían saltar -, él mentía que estaba jugando a los súper héroes.

Nunca se lastimó, ni quebró hueso alguno, mucho menos murió. Alguien debía estar conforme con lo que él era, si no, se lo habría hecho saber.

Hoy el pibe peina canas hace décadas. Cuenta su historia a algunos pocos y se ríe de sí mismo. No se anima a contarle a todo el mundo que él sobrevivió al desafío y que ese dios en el que no cree no lo mató por ser él lo que es.

En una de esas (si todos supieran), los que sí consiguen matarse en el intento, tendrían una escusa más para no hacerlo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Secreto de confesión

- Hola Nene.
- Hola, ¿todo bien?
- Todo en orden. ¿Por ahí?
- Bien. Extrañando el fresco del otoño.
- Y el otoño al ver caer sus ojos, llega hasta a mí y me moja con su llovizna gris… - me canta Sergio desde Buenos Aires por Skype.
- No podés cantarme Ginamaría, ¡pelotazo!
- Vos mencionaste el otoño y me vino eso a la memoria. ¿Qué querés? ¿Por qué extrañas el fresco?
- Hoy salí temprano, a eso de las siete y media de la mañana. Y ya hacía 25 grados. Ahí me cayó la ficha que estábamos en medio del otoño y que íbamos a tener otro día de 30 grados…
- Bueno. Acá está fresco.
- Toda mi envidia.
- Si no querés que te hable del tiempo, ¿qué querés? ¿que te hable de política?
- Prefiero.
- Acá siguen gobernando los peronistas. ¿Querés más?
- Estoy al tanto. ¿Y?
- ¿Te parece poco?
- Tan mal no le va al país. ¿No?
- No. Pero son peronistas.
- ¿Y está mal eso?
- Ya sabés. Los peronistas no son ni buenos ni malos.
- Sí, sé. Incorregibles. Decime, ¿estás siguiendo lo de los juicios a los represores?
- Un poco, ¿por?
- No, nada. En estos días leyendo algo de los juicios en Argentina, de todos los represores, torturadores y apropiadores que están siendo condenados; viendo que el tema vuelve a ser noticia en España, por los chicos robados por la dictadura fascista durante el franquismo y que acá también, en Brasil, vuelve el tema con la posibilidad de que se revise lo actuado por la dictadura del 64 -hasta hay una novela en televisión abierta que cuenta sobre los años de represión-, me acordé del cura cuando me contó lo del represor.
- ¿Qué te acordaste? ¿Qué te contó?
- Fue raro. Viste como se dice siempre que en la cama de las putas los tipos siempre cuentan cosas que se supone que son secretos importantes. Bueno, una vez yo (que venga a ser la puta) estaba con el cura, en la cama, después de un buen sexo y me larga así, sin anestesia: que había sido llamado por un tipo para ir a hablar a su casa, que vivía cerca de la parroquia. Ahí el tipo se despacha con que durante la última dictadura había sido parte del aparato represivo. Que había torturado y que sabía de varios chicos apropiados. Y ahora –entonces- estaba muy perturbado.
- ¿Y vos que le dijiste? Te conozco…
- Sí, lo que te imaginás. Que tenía que denunciarlo. Pero igual, aunque accediera a hacerlo, no iba a servir de mucho, ya estaban vigentes las leyes de punto final y obediencia debida. Además, él de ninguna manera iba a violar el secreto de confesión. A pesar de todo, seguía creyendo en que estaba haciendo lo correcto. Aunque parezca mentira hace un par de semanas, en Facebook, un par de trogloditas en un artículo periodístico que posteé sobre chicos robados por la dictadura, comentaron que ellos creían en la teoría de los dos demonios y barbaridades por el estilo. Habrá que esperar que se escriba la verdadera historia, y superar la mentirosa versión de los poderosos que siempre quieren cambiar la historia para que les juegue a favor.
- ¿Te parece que es tan así, Nene?
- Mirá, en el antiguo Egipto, cuando un gobernante caía en desgracia, el que lo sucedía, hacía borrar a martillazos los jeroglíficos que mencionaban el paso del depuesto. De ahí en adelante, imaginate. ¿Te acordás de cuando en Argentina no se podía hablar del “tirano prófugo” o a Evita se la llamaba “esa mujer”? ¿Y de Garzón te acordás? El juez español que sentó en el banquillo al hijo de puta de Pinochet. Ahora él es el juzgado por meterse con la guerra civil española, el franquismo, las desapariciones y el robo de chicos…
- Nene, ¿no será mejor dejar todo eso para atrás?
- No. Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla. Y tanto en Argentina, Brasil, España o donde sea, los que violan las leyes de la democracia, los torturadores, desaparecedores y apropiadores de chicos tienen que ser desenmascarados, juzgados y condenados, aunque sean los dueños del poder, como la Herrera de Noble de Clarín.
- Bueno Nene. Te dejo. Hoy estás para el discurso de barricada.
- ¿Te parece? Y yo que ya estaba por empezar a cantar “El pueblo unido jamás será vencido”, versión Quilapayún: De pie, cantar, que vamos a triunfar. Avanzan ya banderas de unidad…
- Chau Nene.
- ¿Tenés que cortar? Justo ahora que te iba a hablar de la Trile A de Argentina, del Comando de Caza a los Comunistas de Brasil y del Grupo Antiterrorista de Liberación de España …
- Cuidate.
- Beso.

miércoles, 27 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte final)

¿Y el libro?

Se acabaron las historias y parecería que no alcanzan para un libro, como esperaba Carlos. Porque para hacer un libro habría que:

• Investigar bastante más y establecer un completo marco histórico de aquella época.

• Enunciar cómo influyó en las prácticas de ese particular grupo de personas la dictadura militar que gobernaba Brasil a mediados de los años setenta, su relativo ablandamiento a partir del año del 79 y, finalmente, la llegada de la democracia a mediados de los años ochenta.

• Preguntarse si, como en la Argentina, hubo también desaparecidos entre aquellos homosexuales, solo por ser homosexuales (400 se calcula que fueron en la Argentina). O si se los perseguía, o se los quería esconder, como ocurrió en la Argentina durante el mundial de fútbol del año 78.

• Estudiar cómo la aparición del SIDA modificó -o no- las conductas de los que a diario recorrían baños, saunas, cines y estadios en busca de sexo con otros hombres.

• Analizar más profundamente cómo los vaivenes de la economía de aquella década y media repercutieron en los hábitos de aquella población específica.

• Evaluar cómo el surgimiento de ‘lo gay’ como negocio cambió la situación de aquella población.

Y algunos aspectos más, que seguramente permitirían conformar un texto más completo e interesante.

• Revisar, por ejemplo, los discursos oficiales que, sistemáticamente, invisibilizan la existencia de lesbianas, gays, bisexuales y trans, un grupo tan real como cualquier otro.

• No minimizar la presión de las Iglesias, que condenan compulsivamente a los homosexuales, y presionan para que los reclamos sobre los derechos de éste sector no ingresen nunca en el temario de debates de un país.

• Buscar en la bibliografía de Brasil las huellas de la existencia de esta comunidad: desde el relato de las prácticas homosexuales de los habitantes originarios de estas tierras, incorporadas naturalmente como parte de su forma de ser, según consigna Gilberto Freyre en Casa-Grande & Senzala, a la desarticulación de los estereotipos heterosexistas y de familias patriarcales que Jorge Amado propone en sus novelas. Pasando por relatos tan originales como los de Roberto Freire o Adelaide Carraro; sin menospreciar la permanente mención que otros autores hacen de la homosexualidad como hecho habitual en la sociedad brasilera.

• Encontrar en la historia del movimiento LGBT de Brasil los datos que permitan enmarcar más ajustadamente las experiencias de esa comunidad de los años ochenta en una ciudad como San Pablo.

• Establecer si el movimiento LGBT de Brasil, a semejanza del argentino, nació y se encolumnó en la izquierda política y en los movimiento populares. (No me puedo imaginar qué pasa en la cabeza de un gay de derecha).

• Desentrañar el por qué de la sistemática violencia contra las personas LGBT en Brasil, a pesar de ser ésta una forma tan presente en la vida de esta particular sociedad.

• Investigar en las publicaciones del sector, como la mítica revista Lampião da esquina, que era de consulta obligatoria en aquellos años para todo miembro de aquel mundo que comenzaba a asomar como una forma de vida que reclamaba su lugar en la sociedad. Una revista que tenía presencia en todo el país, en cuyas páginas se podía encontrar el primer listado de lugares de ambiente LGBT de Brasil.
Pero para eso habría que contar con un buen escritor que, además, sea un buen investigador. Entonces, queda aquí constancia de las anécdotas de una charla de pizzería.

Esto es todo por el momento.

lunes, 25 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veintinueve)

La foto que recuerda

Los mismos lugares recorridos en los mismos años y la imposibilidad de reconocerse. Carlos y Raul no podían consolarse.

-Seguro que en aquellos años eran bien diferentes. - Arriesgué. – Tal vez no se
reconozcan por estar muy diferentes.

Entonces a Raul se le ocurre que su foto en el documento es lo suficientemente antigua como para darle una pista a Carlos. Y tenía razón. Mostró su identificación a su no-conocido compañero de aventuras de antaño y la foto consiguió abrir el resquicio.

-Ahora sí. Ahora me acuerdo de vos – afirmó Carlos.

-Al menos uno de los dos recordó, -comentó Raul. – Yo sigo igual que al comienzo.

De postre, filología

Antes de la despedida aún quedaba tiempo para una historia más.

Cada país tiene su modo de denominar a sus homosexuales. Despectivamente, la mayoría de las veces. Aunque el ingenio de los destinatarios de los insultos sabe aprovecharse de la supuesta descalificación y divertirse con ella.

En la Argentina, un homosexual puede ser llamado amanerado, afeminado, marica, mariquita, maricón, mariconazo, desviado, loca, loquita, pederasta, puto, putazo, putarraco, trolo, trolazo, marcha atrás, invertido, chupapijas, traga sables, sodomita, traga leche, mantequita, manfloro, pulastrín, etc. Denominaciones todas que no esconden mucho misterio. Salvo, quizás, pulastrín, término usado en el lunfardo porteño de los guapos tangueros y trolo, que no hace referencia directa a nada vinculado con el ser de la persona que es descripta.

El origen del término trolo se remonta a los años en que por Buenos Aires circulaban los trolebuses. Y es que a estos transportes públicos de pasajeros se ‘les’ ingresaba por la parte trasera. De allí el mote de ‘trolo’ dado a los homosexuales argentinos.

Recordé esto porque aquí, en Brasil, no escuché tantos sinónimos, a pesar de moverme todo el tiempo en el ambiente. Los que se reiteran son ‘bicha’ y ‘veado’. Casi nadie usa otros sinónimos como boiola, efeminado, maricas, invertido, bicha-louca o viadinho. De bicha, en aquella larga sobremesa en la pizzería, nadie me pudo dar el origen. El de veado, lo cuenta Raul en aquella extensa sobremesa, tal como apareció en la revista Lampião da esquina, a comienzo de los años ochenta:

- En tiempos aún del Imperio de Brasil, a finales del siglo diez y nueve, los homosexuales de la época se encontraban por las noches en el Beco de la Poca Vergonha, en la ciudad de Río de Janeiro, capital entonces del Imperio. La policía solía hacer razias en ese oscuro callejón, deteniendo a los que sorprendía intentando algún tipo de intercambio sexual, con el fin de desalentar la presencia de los homosexuales en las calles.

Una noche, además de ir los uniformados a realizar su operativo, llevaron junto con ellos a los periodistas. En el relato periodístico que da cuenta de la acción represiva de los policías imperiales, el cronista, al hablar de los homosexuales que intentaban escapar a la inminente detención, los describe señalando que al huir: ‘corrían como venados’ (veados).

(Continuará)

domingo, 24 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veintiocho)

Tercera Parte

“Soy incapaz de escribir un relato cualquiera
a no ser que sienta deseo físico por al menos
uno de mis personajes.”

Tennessee Williams


Final

Todo concluye al fin

La larga sobremesa estaba llegando a su fin. Las historias de Carlos y Raul habían sido las protagonistas estelares de la noche. Habíamos pasado unas cuatro horas de ininterrumpido ejercicio de la memoria.

Al comienzo de la charla, en la pizzería, Carlos y Raul se sorprendían de no haberse conocido en aquellos años. Pero cuando pregunté si con el tiempo, luego de haberse conocido en los mismos territorios elegidos, se formaban grupos de amigos, o si se encontraban fuera del ámbito de las zonas de caza, la respuesta fue negativa. Salvo excepciones, me comentaron. Alguien con quien se establecía un vínculo más cercano, no necesariamente físico; a veces de amistad. Pero era raro. Por lo general, aunque se vieran a diario, durante años, no se relacionaban más allá de ese territorio de placer.

Con el tiempo -supimos también aquella noche-, muchos de los cines del centro de la ciudad de San Pablo que formaron aquel circuito de merodeo por los que circularon tantos y tantos hombres en búsqueda de placer, o tal vez, simplemente compañía, y supieron ser punto de encuentro y lugar de concreción de sueños, fueron cerrando sus puertas y se convirtieron en tristes templos de las iglesias evangélicas, en grandes farmacias o en inexpresivos supermercados.

Cerraban por motivos económicos, mayormente. Otros motivos de la desaparición de algunos lugares fueron, por ejemplo, los incendios, como el del cine Gazetinha da Rua Aurora, aquel donde una loca, que no creía que estuvieran evacuando el lugar, murió quemada por no perder su lugar en la tetera; o el incendio del cine Coral, en el que por suerte no hubo que lamentar víctimas . O cerraban porque los lugares se desmoronaban por falta de mantenimiento, como las molduras de los viejos cines que se caían sobre las cabezas de las locas en pleno puterío, lo que las obligaba a salir corriendo del lugar para salvarse de morir aplastadas.

En lugar de los antiguos circuitos surgieron los nuevos espacios para encuentro de hombres más de acuerdo con la sociedad de consumo. Nuevas generaciones, en busca de placeres, recorren la ciudad, de una nueva manera.

- Nuestra generación,- sostiene Raul, - sigue caminando alrededor de la Vieira de Carvalho, en el Centro, la misma calle, ayer y hoy, y frecuentando el mismo bar, el Caneca de Prata de aquel tiempo.

- O el caneca de lata, y el Bailão, donde en aquellos años funcionó el Homo Sapiens, - completa Carlos.

-Una vez, allá por el año 99, - retoma Raul, - una tarde volví con un amigo, con Nelson, al Lord Byron. La impresión fue fuerte, ver las mismas caras, aquellos jóvenes de ayer, entonces envejecidos, algunos calvos, otros peinando canas, muchos con unos cuantos quilos de más. No fue agradable. Fue ver de repente el inexorable paso del tiempo. Que seguramente a mí también me pasó y me avejentó. Y no me gustó.

(Continuará)

miércoles, 20 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veintisiete)

Montada para matar

Raul nos cuenta que trabajaba con él, en el aeropuerto de San Pablo, una mariquita muy flaca. - Rino era el nombre, siempre muy discreto durante el trabajo. No era muy amigo mío, éramos solo compañeros, él era más amigo de Ernesto ya que los dos eran empleados de la empresa VARIG, en la etapa anterior, antes de que la fundieran, desapareciera y fuera comprada por la empresa de aviación GOL.

Como dije, era un gay flaco y muy discreto, pero cuando se montaba o estaba entre pares, largaba todas las plumas, mariconeaba mucho y, además, era muy divertido, un muy buen imitador, sobre todo de los compañeros de trabajo. Le encantaba montarse de diva de cine mudo, o de bailarina de charlestón de los años 20, siempre con un lujo de detalles admirable. Era tan flaco que parecía que no comía nada, que solo fumaba; fumaba todo el tiempo, cuando se podía fumar en cualquier parte. ¿Se acuerdan?

Siempre que se montaba, se sacaba fotos de cada vestido, de cada producción, y nos las mostraba luego a los compañeros de trabajo. En su versión Drag Queen, le encantaba llamar la atención. Solía llegar a las fiestas en limosina. Si alguien no la veía llegar porque no estaba en la entrada, seguro escuchaba el comentario de cómo había llegado, dentro del evento.

Un día fue a una fiesta montada de bailarina de flamenco, con un vestido rojo con pintas, con muchos volados, abanico, tacones, castañuelas, peineta, mucho maquillaje, todos los detalles, mantón de Manila incluido. Pero esa noche tuvo poca suerte, porque a poco de llegar, alguien descuidado le pisa la cola del vestido de muchos volados y ella no se da cuenta. En eso, gira teatralmente como solía hacerlo y el vestido se rasga todo y queda medio desnuda en medio de la fiesta.

¿De qué se ríen?

-Delson, otro amigo del aeropuerto, - relata incansable Raul – estaba en pareja con un dentista. Éramos parte de un grupo de amigos, donde también había parejas hétero. Una noche, en una reunión en casa de Marcio y Patricia, Delson y su pareja, que también eran amigos de Rino, el que se montaba, y Ernesto, comienzan a contar las historias de los vestidos de Rino, que esa noche no estaba presente.

Los tres contaban historias y se morían de risa con las anécdotas. Los otros, los que conocíamos al protagonista de las anécdotas, también nos reíamos. Pero los otros presentes, Marcio y Patricia y las otras parejas heterosexuales, no le encontraban ninguna gracia a esas historias.

(Continuará)

sábado, 16 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veintiséis)

Mooonaaaaaa

-Yo trabajaba en el aeropuerto de Guarulhos y allí tenía un compañero de trabajo, que desempeñaba un cargo de supervisor en la empresa VASP.- Relata, una vez más, Raul. - Digo compañero de trabajo, pero se veía de lejos que era una loquita muy llamativa, casi escandalosa: mujer, mujer, como diría un amigo; se notaba de lejos que esa Coca Cola era Fanta y ella le encantaba que se note. Su puesto era en el servicio de control de equipajes de esa compañía de aviación, que ya no existe.

Esto me lo contó ella misma, la loquita. Un día, estaba en su lugar de trabajo y estaba perdida porque habían llegado varios vuelos de su empresa de manera casi simultánea y las cintas transportadoras no estaban andando muy bien que digamos. Se le estaban amontonando los pasajeros que hacían todo tipo de reclamos y ella ya no sabía qué hacer ni qué responder. Estaba desbordada.

Ya estaba muy nerviosa, cuando, en plena confusión, en medio de los reclamos, ve pasar cerca a otro compañero de trabajo, muy experimentado, que seguramente podría auxiliarla. Era mi amigo Nelson (que también es gay, pero muy varonil y reservado, muy de closet de donde no le interesa para nada salir), que se ocupaba del recibimiento de las autoridades dentro del aeropuerto. En ese momento, Nelson, estaba acompañando a una comitiva oficial. Nada más y nada menos que al estado mayor conjunto de las fuerzas armadas de Brasil.

La loquita, que ya no podía contener a los usuarios enojados, cuando ve pasar a Nelson, muy estresada, se sube a la cinta transportadora y comienza a llamarlo por su nombre, a voz en cuello, con la intención de pedirle ayuda.

Nelson se hacía el que no lo escuchaba. Después de repetir su nombre varias veces y no recibir respuesta, en su desesperación, subida a la cinta transportadora, sin importarle nada ni nadie, apuntando hacia donde estaba pasando Nelson y haciendo cámara con las manos como para ganar más potencia, le grita totalmente histérica: ¡Moooonaaaaaaaaaaaa!

Todos en ese sector del aeropuerto se dieron vuelta para ver qué sucedía. Todos menos uno, claro. Por supuesto que Nelson no acusó recibo, se hizo el desentendido y siguió su camino acompañando a los serios y circunspectos militares de la comitiva oficial.

(Continuará)

viernes, 15 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veinticinco)

Su atención por favor

-Había una loca en el aeropuerto de Río a la que todos llamábamos la Pina.- Arranca Raul. - La Pina original era una modelo negra de aquella época, muy linda, muy llamativa, que se rapaba la cabeza y desfilaba desnuda en el carnaval. La loca compañera de trabajo nuestra, recibió el apodo por ella.

Sucedía todo el tiempo que la Pina –la nuestra- era seguida de cerca, espiada, por otra marica, a la que llamábamos la Mocreia (que era un apodo bien despectivo). Ésta era una loca mucho más grande, más viejita, que seguía a la Pina por todo el aeropuerto y espiaba dónde la otra se detenía, porque seguro en esos lugares habría algún chongo interesante.

Las dos se la pasaban circulando por todo el aeropuerto. Ella, la Mocreia, después que la Pina se iba de algún punto donde había estado por algún tiempo, probaba suerte.

Era una marica parásita de la otra.

Lunes, conciertos

-En el Teatro Municipal de San Pablo, todos los lunes, a las 18, había un concierto. Nos cuenta Raul. -Se presentaban solistas de piano o violín o violoncelo, dúos, cantantes líricas, era muy variado el programa. Las funciones se realizaban siempre en el descanso de la escalera de la entrada principal, antes de la bifurcación; y eran con entrada libre y gratuita.

El público se distribuía por los diversos espacios de la entrada del teatro, por las escaleras y también, por el salón noble, que permanecía abierto para que desde allí, los asistentes al concierto pudieran ‘enamorar’, ya que quedaba totalmente a oscuras, mientras disfrutaban de la función.

Ese, el salón noble, era uno de los espacios ocupados por los mismos asistentes de los cines, baños, saunas y estadios. Ese era el territorio de levante, gracias a la oscuridad y de allí, una vez establecido el contacto, nos dirigíamos a los baños, que era un verdadero festival de desenfreno, mientras la alta cultura se adueñaba del teatro.

Pero además del puterío, era un placer oír las presentaciones. Siempre, claro, que, en la plaza frente al teatro, no estuvieran los inefables Hare Krisna, cantando sus cánticos rituales; entonces se mezclaran sus letanías y sus tamborcitos con los solos de violín, piano, violoncelo o las arias de ópera que ejecutaban las cantantes líricas. Aunque los hare krishna arruinaban la presentación, era muy gracioso.

(Continuará)

miércoles, 13 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veinticuatro)

Otros territorios

¡Sorpresa!

-Yo iba seguido a una disquería en Rua Augusta, - cuenta Carlos, - ya me había hecho conocido del lugar y hablaba bastante con los encargados. Al lugar iba siempre un músico que formaba parte de uno de los grupos de rock más conocidos de esa época. Uno de los empleados de la disquería, que era del circuitonuestro, me dijo que yo le gustaba al músico. A mí también me interesaba, así que nos arregló un encuentro en una habitación que había en el piso superior de la disquería.

Llegado el día de la cita, cuando ya estábamos en la habitación, me dijo que lo espere un momento que ya regresaba y entró al baño. Estaba tardando mucho, yo ya me estaba impacientando. De repente salió todo vestido con lencería erótica de mujer, bombacha y corpiño con puntillas, medias con ligas y un desabillé transparente, rematando con unos zapatos de taco alto inenarrables.

Yo, que ya estaba esperándolo en la cama, me quedé paralizado. Se subió a la cama con zapatos y todo. Entonces fue mi turno de pedirle un momento. Él habrá creído que yo también me iba a montar. Fui al baño, me vestí y salí rápido sin darle tiempo a reaccionar. Como la llave había quedado en la puerta, la saqué y cuando ya estaba fuera, cerré con llave, la quebré dentro de la cerradura y le pasé el pedazo quebrado por debajo de la puerta.

No lo vi nunca más.

Honestidad brutal

Ahora era Raul quien retomaba el relato. - Conocía a un tipo lindo. Muy varonil. Lo conocía porque trabajaba en la empresa de aviación VASP y lo veía siempre en el aeropuerto donde yo trabajaba. Las mujeres, compañeras de trabajo, se desmayaban por él. Ernesto, que trabajaba en VARIG y era mi amigo allí en el aeropuerto, un día lo vio, en la Avenida República del Líbano, en el parque Iburapuera, que era un punto de nuestro puterío, con un levante.

Pero esa noche, además, llegó la policía. En ese momento, el lindo, estaba de rodillas, con el pantalón bajo, entregando.

-‘¿Qué estás haciendo?’, le pregunta el policía.

El tipo, muy serio, le responde:

-‘Estoy entregando el culo. ¿No ves?’

Fue tan categórico, aplomado y convencido en la respuesta que el policía se fue sin decir palabra.

El lindo aprovechó la confusión, se vistió y se fue sin que lo detengan.

(Continuará)

martes, 12 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veintitrés)

Caza talentos

-A Osvaldo L., uno de esos personajes que descubren talentos futbolísticos, lo conocí en el cine Barão. Pero recién comencé a hablar con él un poco después, cuando lo encontré bastante seguido en el cine Arouche - nos relata Raul. - Era un tipo raro, hablaba todo el tiempo de fútbol y de la federación espírita de San Pablo, y solo de eso.

Este Osvaldo era un hombre gordo, todo redondo y peludo, era lindo. Además tenía una pija enorme. A mí me gustaba mucho, pero yo a él no le gustaba: yo ya no era tan joven y no era flaquito, nunca fui flaco. Y a él le gustaban así: bien jovencitos y flaquitos.

Cuando nos hicimos amigos me contó de su trabajo, que era el de buscar nuevos talentos de fútbol por el interior del país. En esos años, los ochenta, ya había encontrado varios, y muchos habían ingresado a clubes importantes de San Pablo, Rio y Minas Gerais. Los descubría y con sus contactos los llevaba a probarse como futbolistas, pero la condición que les ponía a todos para presentarlos a los clubes, era que se tenían que acostar con él.

Me contó que se cogía a todos los chicos que presentaba, claro, todos eran bien flaquitos y jovencitos. Como casi siempre los futuros futbolistas ponían algún pero a su requisito, primero entregaba él, dejaba que se lo cogieran, pero decía que no le importaba, porque la mayoría de los pibes tenía pija chica. Después era su turno y los pibes se la tenían que aguantar.

Una vez, cuando ya hacía algún tiempo que éramos conocidos y nos veíamos bastante, me invitó a su casa, para tomar algo y conversar. Me mostró todo el departamento y al llegar al baño, donde tenía un jacuzzi enorme, me dijo ‘éste es para enfiestarse con las futuras estrellas de fútbol’.

(Continuará)

lunes, 11 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veintidós)

¡Fue falta!

-Una vez, yo estaba con unas locas amigas, en uno de los cines del centro. – Sigue Carlos su relato. - Como sabían que ese día había partido en el estadio al que yo asistía y que, por lo que yo les había contado, podían llegar a conseguir algún levante, me pidieron para que vayamos todos juntos a ver el encuentro. Yo no estaba muy convencido, por los riesgos, pero fuimos. Pero no los llevé al sector donde se ubicaba la hinchada organizada, la barra brava. Nos ubicamos en el sector de plateas, que es más tranquilo.

Las locas se habían ido con binoculares y en vez de seguir el juego, se la pasaban mirando las piernas de los jugadores, en especial de Zetti, nuestro arquero. Eran tan poco disimuladas que cuando el Palmeiras atacaba, en lugar de seguir la jugada en el arco contrario, miraban hacia el arco nuestro, para seguir calentándose con las piernas del arquero.

Uno de los tanos grandotes que iba siempre a los partidos y que estaba atrás nuestro se calentó y comenzó a gritarles a mis amigos que el juego era para el otro lado. Ahí se dieron cuenta que estaban llamando mucho la atención, y disimularon tratando de seguir el recorrido de la pelota.

En un momento del juego, uno del Palmeiras recibe una falta de uno de los contrarios y el mismo grandote que teníamos sentado atrás, sin previo aviso, le pega –con la palma de la mano abierta- un golpe en la espalda a uno nuestro grupo. Era un golpe dado como para manifestar su enojo, un golpe sueva como dado a un amigo. No era nada contra nosotros. Al mismo tiempo que gritaba todo enojado (contra el árbitro, no contra nosotros); ‘Fue falta, no viste que fue falta. Sos ciego, árbitro hijo de puta’.

La loca destinataria de la palmada, reaccionó como lo hacía siempre. La cuestión es que estábamos en el lugar equivocado para expresarse como ella lo hacía habitualmente. Se encogió como un caracol que está refugiándose en su caparazón, puso cara de dolorida, como haciendo puchero con la boca y cerrando los ojitos como para llorar soltó un débil gritito de: ‘Aiaaaa’.

Yo quería desaparecer, que me tragase la tierra. Por suerte, el juego llegó a su fin, casi sin más incidencias. Cuando nos estábamos por ir, el tipo grandote que teníamos atrás -y que yo pensaba que no se daba cuenta de nada-, le dice a otro de los panzones, uno que tenía a su lado: ‘qué divertidas que son las mariquitas mirando fútbol’.

(Continuará)

domingo, 10 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veintiuno)

De estadios

Como un barra brava

En un momento dado, a lo largo de la extensa sobremesa, surgió la mención por parte de Carlos de lo que pasaba en los estadios, más precisamente en los baños de los estadios. Mi pregunta por saber si era cierto que había acción en esos baños, no se hizo esperar.

- Por supuesto que pasan cosas en los baños de los estadios de fútbol.- Sentenciaba Carlos, casi con admiración porque alguien pudiera dudar que allí también había levante, como en cualquier otro lugar donde hay gran cantidad de hombres amontonados. Y ampliaba: - Yo era de la hinchada organizada del Palmeiras, que sabrás, es un club de italianos, entonces la hinchada estaba llena de aquellos tanos grandotes, peludos, panzones. Y pasaba de todo. Claro, tenías que saber con quién te metías. Estaban los que no querían saber nada. Pero en todos los baños había un sector de levante y era de lo mejor.

No pude dejar de pensar en el estereotipo del barra brava. Eso machos violentos, súper viriles, que defienden a capa y espada los trapos de su club, y a los que puede verse en los estadios de cualquier ciudad del planeta, armar tremendas grescas, vaya a saber uno por qué motivos. Parecería riesgoso para un hombre ir a buscar sexo con otro entre esos trogloditas.

-Yo llegaba temprano al estadio, - seguía relatando Carlos- unas cuatro horas antes del partido, porque como era de la hinchada organizada, teníamos que llegar antes para colocar las banderas y todo eso y, claro, entrábamos gratis. Ya durante ese tiempo de espera, antes del inicio del juego, pasaba de todo en los baños. Con el tiempo, con el paso de los años, te vas conociendo con los que son del ambiente, que te van señalando los nuevos que se prenden en la joda. Además de los hinchas, están también los vendedores que trabajan dentro de las tribunas, los que venden bebidas y eso, y los empleados del estadio y entre todos ellos también descubrís a los que se los puede ver en los rincones de los baños haciendo tetera.

(Continuará)

sábado, 9 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veinte)

Clotilde, nos vamos

-Esta pasó en la Mafalda, - cuenta Raul, - habíamos ido con un amigo y un amigo de ese amigo que siempre quería estar desde que el sauna abría hasta el horario de cierre. Esa tarde mi amigo y yo ya estábamos cansados y nos queríamos ir temprano, pero el amigo de mi amigo no salía nunca de los reservados.

Entonces mi amigo se para en la puerta de los privados y comienza a llamar, con voz bien fuerte: ‘Clotilde, nos vamos’. El otro reconocía la voz, pero no respondía nada, para no quedar en evidencia. Y todos los putos del lugar, muriéndose de risa, gritaban a coro: ‘Clotilde, a casa. Clotilde, ya es hora. Clotilde, te llaman’.

Al rato la ‘Clotilde’ salió sin decir nada, pero todos se dieron cuenta quién era, y se convirtió en el centro de todas las miradas y los comentarios socarrones.

Ya en la vereda, Clotilde, se empezó a quejar: ‘¿las señoras no podían esperar un poco más? ¿Tanto apuro tenían?’

Holyday on milk

-Cada sauna tenía alguna particularidad, que lo hacía diferenciarse de los otros. En el For Friends había un cuarto al que llamábamos la sala del colchonazo. Ellos la proponían como la sala de relax colectiva. Pero el relax en un sauna todos sabemos a qué es igual, ¿no? – preguntaba retóricamente Raul.

-La sala tenía un inmenso colchón de espuma, todo forrado de plástico negro. Era como un cuarto oscuro, pero con un colchón. Y todos lo usaban para hacer puterío y nadie se preocupaba de ver donde acababa. Lo que hacía que el colchón, a lo largo de cada día, se vaya convirtiendo en una especie de pista de deslizamiento. Si de repente estabas sentado ahí en medio y querías salir del cuarto, podías hacer como un holiday on ice, pero solo que ahí, era holiday on milk.

(Continuará)

viernes, 8 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte diecinueve)

De pronto, una mujer

-También tengo una historia que pasó en el sauna Lucas, en la ciudad de Porto Alegre.- Seguía contando Raul, con el entusiasmo intacto, después de varias horas de charla.

-Como si fuera una música de fondo se oía una radio que acompañaba todo el
puterío que se daba dentro del sauna. De pronto se abrió una puerta lateral, bien en medio de toda la acción, y un hombre salió de allí con baldes y escobas, como para hacer la limpieza del lugar. Pero la puerta quedó abierta y pudimos ver que allí, bien al lado de donde estábamos, había una mujer que lavaba ropa mientras escuchaba la radio.

Una que trae cola

-Un tipo en el sauna Hollywood, sale de un box, y va al sector de duchas, a bañarse claro.- Una vez más, quien contaba una historia, era Raul.

-Pero a medida que avanzaba y mismo estando ya en las duchas, la gente que lo veía se mataba de risa.

El tipo no se había dado cuenta que le había quedado colgando el forro. Del culo, claro.

Jugando a la muñeca

-Estábamos con Joaquín en el For Friends.- Raul cuenta, casi sin darnos respiro.- Y había allí un tipo que se quedaba en la puerta de los reservados con una muñeca Barbie en la mano.

Nos pusimos a mirarlo a ver qué hacía. Esperaba que salga alguien de los reservados y le pedía que le meta la muñequita de juguete en el culo. Muchos no le daban bola, pero siempre aparecía uno que le hacía el favor.

Lo loca rara, cuando tenía la Barbie en el culo, se ponía en un rincón, se agachaba y ‘cagaba’ la muñeca. Y ahí recomenzaba el rito, volvía a la puerta de los reservados, esperando encontrar a algún otro que se la ponga una vez más en el culo.


(Continuará)

jueves, 7 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte dieciocho)

Una bien limpita

-Ese día estaba en el sauna Le Rouge con Ernesto.- Comienza Raul su nuevo relato.
Ese sauna, antes de la reforma, era uno de los más mugrientos. Además, las locas hacían cosas innombrables. Si te acercabas a las cortinas, a la altura promedio del lugar donde tenemos la pija, las cortinas que eran de tela, estaban duras. Las maricas se limpiaban en ellas cuando acababan.

Pero eso no era lo que quería contar. Ese día Ernesto me viene a buscar casi corriendo y a los gritos: ‘Raul, vení. Tenés que ver esto’. Fui con él hasta el jacuzzi, donde una loca estaba con el culo apuntando hacia el chorro de agua a presión, como si se estuviera dando un bidetazo. Con una cara de felicidad indescriptible, con los ojitos semi cerrados y moviendo el culo para darse más placer. Pero cuando mirabas el agua del jacuzzi veías las consecuencias: estaba de un color extraño y desagradable.

Queda claro que la limpita era la loca, porque el sauna era un asco.

¿Sacaste turno?

-Y eso no era todo.- Seguía Raul, hablando del sauna Le Rouge. - Había una loca insaciable que, cuando estaba en los privados y terminaba de coger con alguno de los de turno, gritaba bien fuerte: Ensuit. Que traducido del francés es algo así como: el próximo o el siguiente.

Causando la risa de los que oían y ya la conocían.

Un día de perros

No faltaron en la charla de aquella noche, que quería extenderse madrugada adentro, las menciones de otros lugares con las mismas características aunque de distintas latitudes. En el relato de Raul le llegó el turno al sauna Colmenia, de la ciudad de Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay.

-Esto no pasó en San Pablo, pero podía haber pasado en cualquiera de aquellos saunas tan sucios y sin mantenimiento. Este estaba, además de sucio, en obra; había materiales de construcción por todos lados.

Yo estaba en el cuarto oscuro, y de repente siento algo frío que me roza una pierna. No fui el único, porque todos miramos hacia abajo para ver de qué se trataba y vimos que algo se alejaba.

Era un perro, que tenían los trabajadores de la obra, que se había soltado y circulaba por el sauna alegremente.

(Continuará)

miércoles, 6 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte diecisiete)

De saunas

No pasan la inspección

-Algunos de los saunas de San Pablo de aquellos años no pasarían la inspección de la secretaría de higiene de ningún municipio.- Recuerdan a dúo Carlos y Raul.

- Una de las más mugrientas era la Mafalda: los azulejos ennegrecidos, si mirabas hacia los cielorrasos veías montones de cables colgantes (daba la impresión que se podía producir un cortocircuito e incendiar todo el lugar en cualquier momento), canillas rotas que no cerraban, mal olor: a pis, a esperma, a lo que quieras. Pero tenía de bueno que estaba lleno de gordos maduros y lindos.

Ese sauna en realidad se llamaba Balneario Amazonas, pero era conocido por Mafalda porque la dueña, dicen, que de joven, se parecía por su peinado a la nenita Mafalda, el personaje de historieta del humorista argentino Quino.

Competencia desleal

-No faltaban los que no respetaban ni la tragedia que significó la aparición del HIV- Sida.- Se lamenta Raul.

-El dueño del sauna Bel Ami, tratando de sacarle clientes a la competencia, intentaba asustar a los más desinformados diciendo que el sauna For Friends –que aún existe- era un peligro, porque allí había un “brote” de SIDA. Que de solo ir allí, te contagiabas, porque todos los que concurrían estaban infectados y contagiaban a propósito a todos los clientes que iban a ese sauna.

Un tremendo hijo de puta el dueño del Bel Ami.

(Continuará)

martes, 5 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte dieciséis)

Elsa, la mechera

-Como en todo grupo humano, había en esa heterogénea multitud que poblaba los cines, todo tipo de personajes. Hombres de diferentes clases sociales, profesiones, calidad de vida y cualidad moral; había de todo un poco. No todos iban para satisfacerse sexualmente. Y no todos eran agradables. También estaban los que iban a los cines simplemente a robar. -Explica Raul.–

Sucedía que algunos de los más atrevidos, en medio de la acción descontrolada, quedaba con los pantalones por los tobillos o, algunos, directamente se desnudaban y dejaban la ropa en cualquier rincón. Debían creer que nadie tocaría nada. O era tal la calentura que ni lo pensaban.

Pero no era así: allí estaban también, en medio de los fieles frecuentadores de los cines de levante, los que aprovechaban para robar. Había una loca que era conocida como la Elsa, que robaba las billeteras de los pantalones que andaban por el piso.

Pero también, en ese grupo tan peculiar, había personajes tan inesperados como la Elsa aunque con otras intenciones: estaba Lucio, por ejemplo, que también era de los que arrancaba su rutina diaria en el cine Don José, y que además, era investigador de la Policía Civil.

Cuando descubrió lo que sucedía en la oscuridad de los rincones del cine, dejaba que los que robaban tomasen todo lo que podían. Él los esperaba en la puerta del cine, impidiéndoles la salida, con la identificación de policía en la mano. Las locas ladronas, tomadas desprevenidas, se pegaban tal susto que ni se les ocurría escaparse. La intención de Lucio no era detenerlas, ni darles un sermón, ni nada. Solo les hacia entregar lo robado.

Recuperado el botín, se los devolvía a sus respectivos dueños.

Aquellos gloriosos agujeros

-Hasta se usaban las aberturas de una reja que, a modo de decoración, había como separación entre una sala y un pasillo el cine Paisandu.- Era Raul una vez más quien recordaba.

-Era muy gracioso ver como delante de todo el mundo, algunos usaban esas pequeñas aberturas entre las rejas como si fuesen verdaderos Glory Holes, aquellos agujeros que hay en algunos dark rooms, pero que acá eran tan solo parte de un decorado y además estaban en el medio de un cine.

En uniforme de trabajo

-Tampoco me puedo olvidar del almacenero.- Se divierte Raul. – El hombre llegaba al cine Don José vestido con la casaca blanca, como si estuviera atendiendo el almacén, ni se tomaba el trabajo de cambiarse para ir a hacer puterío. Pensar que después volvía a atender el almacén, con la misma casaca, que se supone usaba para brindar mayor higiene en el servicio.

Era un gordo muy lindo y bien dotado, pero llamaba la atención cuando se desnudaba, porque tenía varias cicatrices en distintos lugares del cuerpo. Se ve que había sido bien más gordo y que, al bajar de peso, se había hecho cirugías para retirar la piel que no quedaba firme, y el cirujano que lo operó no era muy cuidadoso con las marcas que dejaba.

(Continuará)

lunes, 4 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte quince)

De linterna, como el superhéroe

-Yo estaba muy molesto con uno de los que iba siempre al cine Don José, uno que tenía un pelo bien raro, al que llamábamos Capeta o el demonio de Tasmania. - Se queja Carlos. – Yo iba a ese cine a encontrarme con alguien con quien ya habíamos marcado un encuentro y, ese inoportuno, siempre venía a molestarnos con una linternita que llevaba para ver en la oscuridad de la sala. No nos dejaba en paz.

Un día me cansé de que nos interrumpa con su lucecita. Antes de ir al cine, pasé por una ferretería y me compré una linterna, la más grande que había, se parecía esas que usan los bomberos, en las películas. En cuanto llegué al cine, la persona que me estaba esperando se me acercó. Le dije que me siguiera sin hacer preguntas. Ya dentro de la sala nos sentamos como siempre. Y ahí quedamos a la espera.

Cuando se acerca el que siempre nos interrumpía con su linternita, le prendí la contra la cara la linterna gigante que me había comprado y me puse a hacer escándalo para que todos lo vean y sepan quién era el de la linternita. Valió la pena. Se dejó de molestar.

Después, dejé la linterna en la butaca donde me había sentado. Ya había cumplido su misión.

Miss Brasil Gay

-Otro de los cines porno de la época era el Teatro Coliseu, de la ciudad de Santos.- Informa Raul. -Ese cine, en su tiempo fue un teatro de ópera, muy bueno, muy lujoso, con una arquitectura imponente y se convirtió en cine porno en los años de la decadencia.

Era uno más de los tantos que había y que recorríamos en aquellos años. Lo que lo distinguió fue que allí se realizó el primer concurso para elegir a Miss Brasil Gay, a comienzo de los años ochenta.

La sala fue restaurada hace unos pocos años - concluye Raul - y hoy es nuevamente el elegante Teatro de Ópera y Conciertos que supo ser en sus mejores momentos.

Cine familiar

-Esta anécdota le pasó a Miguel, que fue mi pareja en San Pablo.- Dice Raul. – Miguel estaba en el cine Paisandu e hizo un levante en el baño. Salieron del baño con el tipo y se fueron a la escalera que llevaba al pulman del primer piso. La escalera era uno de los mejores rincones para hacer puterío: era de lo más oscuro y nadie usaba aquella escalera para subir o bajar, porque había ascensor, que era más práctico.

Ahí mismo, en plena escalera, Miguel se baja los pantalones y pone el culo apuntando hacia abajo, ofreciéndoselo a su levante. Sorprendido, no siente nada, ni que lo toquen, ni nada de lo esperado. Se da vuelta, con los pantalones y el calzoncillo por las rodillas, y entonces ve lo que, se suponía, no debía suceder: una familia entera, padre, madre e hijos, que subían la escalera para ir a sentarse en el pulman.

Miguel, como pudo, se levantó los pantalones y salió corriendo. Nadie habló nada, pero por las caras que vio, Miguel entendió que la familia quedó escandalizada.

(Continuará)

jueves, 31 de marzo de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte catorce)

Algunas copitas de más

- Uno de los personajes bien diferentes era un hombre de apellido ruso, algo muy raro aquí en Brasil, que era crítico de cine y director de la cinemateca de San Pablo y que siempre estaba borracho.- Recuerda Raul.

Se lo veía principalmente en el cine Marabá, aunque también en otros. Como era muy bien dotado, cuando llegaba a algún cine y ponía para afuera su instrumento, siempre se hacía un grupo que lo rodeaba y que querían agarrársela todos al mismo tiempo.

Un día que había mucha gente rodeándolo, me le acerqué. Cuando quise agarrar, comencé a recibir palmadas en las manos de los otros que no querían compartir. Yo seguí obstinado. Me puse a tiro, como para chuparlo, y ahí recibí un bruto sopapo en la cara. Desistí.

Con el tiempo, fue uno de los pocos con los que hablaba. Era un hombre de lo más interesante. A pesar de estar siempre bebido.

Loca desubicada

-Yo estaba en la 24 de maio esquina Ipiranga, en el local de Breno Rossi, aquel negocio de discos e instrumentos musicales, que era el mejor, el más surtido de San Pablo.- Nos relata Carlos. - No estaba solo, estaba acompañado y se me acerca una loca conocida de los cines, y con total descaro me dice:

- ¡Qué chongo que te levantaste!

Yo intenté hacerle señas para que se aleje, no quería explicarle nada. Comencé a hacer la seña en el pecho con la mano semi cerrada, dándole a entender que tenía que borrarse y dejarme tranquilo. Pero era una marica cargosa y seguía hablando:

-Te lo querés guardar todo para vos al chongo. No lo vas a presentar, ¿no?

Hice todo lo posible para que se aleje y nos deje tranquilos. Pero siguió insistiendo. Entonces no me quedó más alternativa que responderle. Y no pude hacer otra cosa, dadas las circunstancias, que decirle la verdad. Cuando volvió a insistir una vez más, preguntando quién era es chongo que ella nunca había visto por el circuito, le respondí:

-Es mi papá.

A soplar la velita

-Esta me la contó Ze.- Comienza Raul. - Habían ido él y un amigo al cine Ouro y en medio del puterío un grupo de locas comienza a repartir saladitos que sacaban de una caja gigante de telgopor, mientras que de otra caja sacaban y repartían bebidas frías, gaseosas y cervezas. Convidaban a todos los que estaban en el cine. Es que estaban festejando el cumpleaños de uno de los que siempre iba a ese cine.

Cuando le pregunté si cantaron el feliz cumpleaños, me respondió:

-Por supuesto y todos los presentes se sumaron.

(Continuará)

miércoles, 30 de marzo de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte trece)

Y llegó la maldita policía

-Entré una vez a un cine porno de Santos, era el Praia Palace.- Cuenta con tristeza Raul. - Miré en la platea para ver si veía algo que me interesara. El único hombre que se destacaba, era uno de cabellos ya grises, gordito, de algunos años más que yo, pero muy elegante, vestido con pantalón oscuro y pulóver claro. Me senté cerca de él. Hicimos contacto visual y entonces me acerqué, me senté a su lado y nos agarramos de la mano. Fue todo lo que pudimos hacer.

Por detrás de nosotros oímos alguien que nos intimaba a salir de la sala. Cuando miramos, vimos que nos apuntaba con una pistola. Una vez afuera de la sala, en el hall de entrada del cine, nos pide los documentos. Entregamos nuestras identificaciones. Al policía le brillaron los ojos de satisfacción. En el mismo momento que entregamos los documentos yo me di cuenta que el hombre que estaba conmigo no era alguien del montón. Yo ya estaba habituado, por mi trabajo en el aeropuerto, a ver aquellas identificaciones. El hombre estaba sumamente nervioso. Se veía que lo estaba pasando mal.

El policía se identifico con una credencial que, ahora, supongo falsa, pero en la época me pareció auténtica. Había un segundo hombre con él, negro, que ni siquiera se identificó. El primero comenzó a hablar con el segundo y le decía:

-Vamos a llevarlas a la celda de la comisaría, para que allí se cojan entre ellas…

Y salimos caminando por la Avenida Ana Costa, una avenida muy comercial de Santos. Caminábamos en medio de una multitud y él seguía hablando bien alto, para que todos escuchen cómo nos insultaba.

Mi compañero sugirió que entrásemos en un bar, para hablar. Entramos y, ya instalados, preguntó:

-¿Qué podemos hacer para que nos dejen ir?

El policía directamente nos pidió plata, pero nos pidió una cantidad escandalosa, casi absurda. Si no le entregábamos esa suma nos llevaría presos. Yo avisé que tenía muy poca plata en mi cuenta de banco. Mi compañero negoció y arregló entregar la mitad de lo que pedían. Él se haría cargo de mi parte también.

Caminamos unas cinco cuadras en silencio; ya no nos insultaba. Fuimos hasta un cajero automático. Yo saqué todo lo que tenía, que no era nada comparando con lo que pedían, y lo entregué. Y el hombre también le entregó su dinero, muchísimo, su parte y la mía, que extrajo de dos cuentas bancarias diferentes. Finalmente, con toda nuestra plata, nos dijo que caminemos por la misma avenida, sin mirar para atrás.

Obedecimos. Unos minutos después, casi llegando a la playa, tomamos coraje y miramos para atrás y ya no estaban. Más tranquilos seguimos conversando. El hombre, que era coronel de la aeronáutica, me ofreció devolverme el dinero que yo había entregado. Pero yo no acepté. Me contó entonces que tenía familia, mujer, hijas y nietos y no podía permitirse, ni por la familia ni por el trabajo, tener una entrada en la policía por haber sido sorprendido en un lugar como el cine en cuestión.

Cuando recuperamos el ánimo, decidimos seguir cada uno nuestro camino. Yo me volví a San Pablo. No sin antes intercambiar un modo de estar en contacto. A pesar de la violencia de lo sucedido, nuestro deseo no se iba a modificar. Nos volvimos a ver algunas veces. Era un hombre muy educado, hermoso, con una buena cultura. Incluso, a pesar ser militar, tenía una mentalidad abierta. Y, la mejor sorpresa de todas, era bien dotado y activo, que era lo que más me interesaba.

Un año después yo estaba en mi trabajo en el aeropuerto y él llegó, acompañado de su familia, y me tocó atenderlo en su salida rumbo a Europa, ya que yo me ocupaba de, entre otras cosas, atender a las autoridades que viajaban -concluye Raul-.

(Continuará)

martes, 29 de marzo de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte doce)

De cines

En la punta

- En el cine Don José,- recuerda Carlos, - había uno que se sentaba siempre en la punta de alguna de las filas de butacas y no dejaba que nadie le saque ese lugar.

Es que muchos andaban casi desnudos por dentro del cine y él, que estaba siempre ahí, siempre en la punta de la fila de butacas, siempre con la boca abierta, listo para chupársela al pasar a todos los que circulaban por el pasillo con la pija afuera.

Había de todo. – avanza en el relato Carlos. – Los que simplemente se dejaban chupar y los que eran más groseros y le decían de todo, tipo, ‘chupá, puto’. Cada vez que le acababan en la boca, el tipo de la punta se limpiaba con un pañuelito, se ponía un refrescante bucal y se preparaba para atender al siguiente.

Luego se iba sacando la ropa, cuando se bajaba los pantalones quedaba con una bombachita minúscula. Y ahí se lo cojían en plena platea.

El cartero

-Uno de los personajes que se veía con frecuencia en el cine Ipiranga era un cartero, - comienza a contar Raul y casi no contiene la risa al recordar,- se lo podía identificar fácilmente porque siempre iba con su uniforme amarillo vivo, que lo hacía parecer un canarito. No había forma de no verlo dentro del cine.

Siempre llegaba, indefectiblemente, con su bolso al hombro, lleno de cartas. Se pasaba la tarde haciendo puterío y antes de irse iba hasta el baño, entraba en un box y separaba las cartas. Las que tenían franqueo simple las rasgaba, las hacía pedacitos y, sin importarle nada, indiferente a las consecuencias que le podría traer, las tiraba en el cesto de residuos antes de salir. Entonces, aliviado -con menos peso en el bolso, menos trabajo pendiente y habiéndose descargado sexualmente-, volvía a repartir las cartas certificadas, en lo que restaba de su tiempo de trabajo.

¡Aquí no se fuma!

-Otro que era un personaje maravilloso era el acomodador del cine Art Palácio, - sigue enumerando Raul.- Era una loquita vieja, muy vieja y bien femenina, con aquel uniforme todo feo y gastado, con unas charreteras doradas muy llamativas y destrozadas.

Durante las funciones recorría todo el interior del cine, iluminando las hileras de butacas, una por una, donde pasaba de todo. Y lo único que decía era: ‘Aquí está prohibido fumaaaaar’, sin importarle que la mayoría de los que estaban en las butacas estuvieran teniendo sexo de la manera que mejor les pareciera.

(Continuará)

lunes, 28 de marzo de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte once)

Las apariencias engañan

- En el baño de la estación de subte República, de la actual línea 3, antigua Este- Oeste encontré un osazo, lindísimo. - Arranca Raul. - En el momento no noté nada extraño parecía uno de tantos de los que circulaban por aquellos lugares a diario. Nos pusimos de acuerdo y salimos rumbo a un hotel. Fue cuando entramos a la habitación que me di cuenta que era un mendigo. Estaba muy sucio y con la ropa toda vieja, desgastada.

Así como estaba no daba ganas de hacer nada. Lo hice pasar al baño para que se bañe y esté más presentable. Aceptó sin poner reparos. Luego que hicimos lo que yo esperaba, antes de salir, le regalé unas ropas que yo tenía en un bolso. Era mi ropa de trabajo que yo llevaba para casa, para lavar, pero que usadas y todo, estaban infinitamente en mejor estado que lo que llevaba él puesto.

Durante mucho tiempo, cada vez que el mendigo me veía por las calles, en las inmediaciones del lugar donde nos habíamos conocido, me saludaba haciendo gestos y a los gritos:

- ¡Raul, Raul!


Sin palabras

- Me gustaba ir de mañana al Don José, era más tranquilo, por la tarde siempre había mucha gente y, el mal olor habitual, se hacía más inaguantable, por la aglomeración. Incluso, la gente que encontrabas en esos amontonamientos, era un poco agresiva.

Nunca me había pasado,- relata Raul, divertido, - tratar de comunicarme con alguien que no me respondía. Dentro del baño del cine Don José, con ese gordo que era muy lindo, nos pusimos de acuerdo con los gestos silenciosos que formaban parte de los códigos de todos. Cuando ya estábamos fuera, traté de proponerle un lugar donde ir para estar más tranquilos, me mira y no dice nada. Probé una vez más y nada. Yo ya no sabía qué hacer, empezaba a pensar que no iba a pasar nada. Él era todo lindo, de los más lindos que ya vi en mi vida, con una pija enorme y linda. Un oso divino. Pero yo le hablaba y él no me respondía nada.

Por suerte, cuando ya creía que lo perdía, me di cuenta que era sordo mudo. Entonces, saqué una libreta y una birome que llevaba siempre conmigo y comencé a anotar en papel lo que yo quería decirle. El me escribía las respuestas y nos pusimos de acuerdo bien rápido. Ahí nos fuimos a un rincón tranquilo dentro del mismo cine y pasó lo que tenía que pasar.

Fue muy, muy bueno. Tanto que nunca lo olvidé.

(Continuará)

sábado, 26 de marzo de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte diez)

De bar en bar

- En uno de los baños listados, el de la estación Santana del subte,- cuenta Raul, - veo una noche un ejemplar de hombre que colmaba ampliamente todas mis fantasías. Pensé que nada iba a suceder, pero igual me acerqué. El tipo estaba de pija parada y tenía mucho para mostrar. Todo era ideal: el tamaño de hombre, su aspecto viril y el tamaño de lo que mostraba como anzuelo en los mingitorios. Haciendo uso de los códigos comunes, miradas cómplices que no necesitan más explicaciones, nos entendimos. Salimos del baño y ya en la plataforma de la estación nos ponemos de acuerdo para ir a un telo bien ordinario que quedaba en el centro, en la calle Washington Luis, cerca de la Estação da Luz. Para llegar había que tomar el subte y bajar en la estación Luz, precisamente. Fue entonces, después de bajar del subte, que aquel pedazo de hombre, a poco de comenzar a caminar rumbo al hotel, me pide parar un momento en un bar. Acepté sin problema y veo que se toma un coñac. Seguimos camino y en el siguiente bar se repite la escena. Pensé que necesitaba darse ánimo, -reflexiona Raul.- Antes de llegar habíamos parado en cuatro bares. El hombre ya estaba un poco borrachito.

Finalmente entramos al hotel, que quedaba al final de una escalera en muy mal estado: mugrienta e intimidante. Una travesti atendía la recepción de ese antro sin ningún ánimo. La pregunta de rigor que ella hacía era: ‘Entra y sale, o es para quedarse’, lo que significaba que el cuarto podía ser con llave, si era para quedarse, o con un simple pasador, si el trámite era rápido.

Ya en la habitación el hombre se desnuda y pude ver que era muy hermoso. Yo también me saqué la ropa. Él se había subido a la cama, lo que dejaba su pija a la altura de mi cara. Cuando la fui a agarrar, me aleja la mano delicadamente y dice de manera afectada, todo compenetrado con el personaje:

- No toque, esto es una concha.

Yo ya estaba más que desorientado. Para colmo, la música ambiental del hotel era de lo más previsible, pegajosas melodías pop. Justo en ese momento comenzó a sonar I will survive. Entonces, aquel pedazo de hombre, medio borracho que se creía una mujer, se puso a cantar y bailar, gesticulando como si fuese una diva pop, acompañando la canción.

Me vestí y me fui.”

(Continuará)

viernes, 25 de marzo de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte nueve)

Casi, casi

- En una oportunidad, como tantas otras, entré al baño del cine Barão. Y vi que en los mingitorios había dos hombres que se estaban agarrando las pijas. - Comienza a narrar Raul. - Me quedé mirando. No quería molestar y la escena era de las mejores, me gustaba quedarme mirando. Cuando de repente, entró la policía. Me asusté y me quedé parado donde estaba, no muy cerca de los dos que se agarraban.

Los policías me pidieron documentos y me preguntaron:

- ¿Cuál es tu nombre y dónde naciste?

Yo respondí, sumiso. No preguntaron qué hacía ahí, por supuesto, porque era
evidente. Y me dejaron ir.

Salí, y atrás mío salieron los policías llevándose detenidos a los dos que se estaban agarrando las pijas en los mingitorios y que yo estaba mirando.

Me salvé raspando.


A los codazos

- Yo tengo una parecida, en un baño, pero con final bien diferente – interviene Carlos. – Estaba en el baño del cine Don José con un levante. Los dos uno al lado del otro, frente a los mingitorios, mirándonos las pijas y pajeándonos. Mientras estábamos en la nuestra, no nos dimos cuenta que habían entrado al baño algunos extraños.

Como había mucho silencio, me siento intrigado y poco después miro para atrás y veo lo que sucede: habían entrado unos policías y se habían quedado callados, atrás de nosotros, mirando lo que pasaba. Los vi con el rabo del ojo y paré; traté de hacerle algún gesto con la cara al que tenía al lado, pero ni me miraba, él estaba muy concentrado en lo que hacía.

El tipo al lado mío seguía dándole, sin darse cuenta de nada. Yo, como el otro no había percibido la presencia de los canas en el lugar, comencé a darle con los codos golpes para que pare. Primero me miró con sorpresa, pero siguió como si nada, todo compenetrado en su tarea.

Cuando ya teníamos a los tiras encima, el pobre tipo va y acaba. Con los policías mirándolo, trata de disimilar apretándosela y se ensucia todo. Los uniformados preguntan entonces que está pasando. Intentamos disimular, susurramos alguna excusa ingenua y, claro, tratamos de negar todo lo que estaba a la vista. Porque el tipo a mi lado no se soltaba la pija. Los policías lo obligan a mostrar y ahí se ve que se había salpicado todo.

(Continuará)

jueves, 24 de marzo de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte ocho)

¡Propinas no!

- En muchos de los baños a las que íbamos de levante había una persona que se
encargaba del mantenimiento y la limpieza. Y por ese servicio, además del sueldo, ganaban algunas monedas que les dábamos de propina los usuarios. - Relata Raul.

- En el baño del cine Marabá trabajaba realizando ese servicio un hombre, bien
masculino. Era serio y tranquilo, bien discreto y, todos los que frecuentábamos regularmente el baño del cine, le dábamos algo al entrar y él se encargaba de mantener el lugar, de que hubiera lo necesario, de limpiarlo un poco.

Una noche llegó al baño una de esas maricas que se creen que son la reina de Saba: un tipo alto, elegante, cincuentón, con un impermeable claro y largo hasta las rodillas, acompañado de un chongo importante. El empleado, conocedor de las rutinas, le abrió la puerta de un box y estiró la mano pidiendo la consabida colaboración, siempre pequeña, unas moneditas, no más. La loca elegante y soberbia le dijo que no, que ya tenía su sueldo, que no le correspondía a ella darle propina .Y se cerró en el privado.

El trabajador, después que se cerró la puerta del cubículo, con toda serenidad, agarró su trapo de piso, lo pasó a conciencia por todos los rincones del baño, sin olvidar ni salpicaduras de orina, ni restos de deposiciones, ni eyaculaciones varias. Llenó el balde con agua. Lavó el trapo mugriento, lo enjuagó, lo estrujó. Sacó el trapo, lo dejó a un costado y con el balde lleno de agua mugrienta se paró frente a la puerta donde el arrogante miserable estaba con su acompañante y, sin perder la calma, lanzó el inmundo contenido del balde por sobre la puerta. Segundos después, en silencio y avergonzado, salía el que lo había tratado de humillar, con todas las ropas mojadas de aquella agua repugnante.

Los presentes felicitamos la acción del trabajador, condenando implícitamente la actitud del usuario que no dejaba propinas.

(Continuará)