lunes, 4 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte quince)

De linterna, como el superhéroe

-Yo estaba muy molesto con uno de los que iba siempre al cine Don José, uno que tenía un pelo bien raro, al que llamábamos Capeta o el demonio de Tasmania. - Se queja Carlos. – Yo iba a ese cine a encontrarme con alguien con quien ya habíamos marcado un encuentro y, ese inoportuno, siempre venía a molestarnos con una linternita que llevaba para ver en la oscuridad de la sala. No nos dejaba en paz.

Un día me cansé de que nos interrumpa con su lucecita. Antes de ir al cine, pasé por una ferretería y me compré una linterna, la más grande que había, se parecía esas que usan los bomberos, en las películas. En cuanto llegué al cine, la persona que me estaba esperando se me acercó. Le dije que me siguiera sin hacer preguntas. Ya dentro de la sala nos sentamos como siempre. Y ahí quedamos a la espera.

Cuando se acerca el que siempre nos interrumpía con su linternita, le prendí la contra la cara la linterna gigante que me había comprado y me puse a hacer escándalo para que todos lo vean y sepan quién era el de la linternita. Valió la pena. Se dejó de molestar.

Después, dejé la linterna en la butaca donde me había sentado. Ya había cumplido su misión.

Miss Brasil Gay

-Otro de los cines porno de la época era el Teatro Coliseu, de la ciudad de Santos.- Informa Raul. -Ese cine, en su tiempo fue un teatro de ópera, muy bueno, muy lujoso, con una arquitectura imponente y se convirtió en cine porno en los años de la decadencia.

Era uno más de los tantos que había y que recorríamos en aquellos años. Lo que lo distinguió fue que allí se realizó el primer concurso para elegir a Miss Brasil Gay, a comienzo de los años ochenta.

La sala fue restaurada hace unos pocos años - concluye Raul - y hoy es nuevamente el elegante Teatro de Ópera y Conciertos que supo ser en sus mejores momentos.

Cine familiar

-Esta anécdota le pasó a Miguel, que fue mi pareja en San Pablo.- Dice Raul. – Miguel estaba en el cine Paisandu e hizo un levante en el baño. Salieron del baño con el tipo y se fueron a la escalera que llevaba al pulman del primer piso. La escalera era uno de los mejores rincones para hacer puterío: era de lo más oscuro y nadie usaba aquella escalera para subir o bajar, porque había ascensor, que era más práctico.

Ahí mismo, en plena escalera, Miguel se baja los pantalones y pone el culo apuntando hacia abajo, ofreciéndoselo a su levante. Sorprendido, no siente nada, ni que lo toquen, ni nada de lo esperado. Se da vuelta, con los pantalones y el calzoncillo por las rodillas, y entonces ve lo que, se suponía, no debía suceder: una familia entera, padre, madre e hijos, que subían la escalera para ir a sentarse en el pulman.

Miguel, como pudo, se levantó los pantalones y salió corriendo. Nadie habló nada, pero por las caras que vio, Miguel entendió que la familia quedó escandalizada.

(Continuará)

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