sábado, 16 de abril de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte veintiséis)

Mooonaaaaaa

-Yo trabajaba en el aeropuerto de Guarulhos y allí tenía un compañero de trabajo, que desempeñaba un cargo de supervisor en la empresa VASP.- Relata, una vez más, Raul. - Digo compañero de trabajo, pero se veía de lejos que era una loquita muy llamativa, casi escandalosa: mujer, mujer, como diría un amigo; se notaba de lejos que esa Coca Cola era Fanta y ella le encantaba que se note. Su puesto era en el servicio de control de equipajes de esa compañía de aviación, que ya no existe.

Esto me lo contó ella misma, la loquita. Un día, estaba en su lugar de trabajo y estaba perdida porque habían llegado varios vuelos de su empresa de manera casi simultánea y las cintas transportadoras no estaban andando muy bien que digamos. Se le estaban amontonando los pasajeros que hacían todo tipo de reclamos y ella ya no sabía qué hacer ni qué responder. Estaba desbordada.

Ya estaba muy nerviosa, cuando, en plena confusión, en medio de los reclamos, ve pasar cerca a otro compañero de trabajo, muy experimentado, que seguramente podría auxiliarla. Era mi amigo Nelson (que también es gay, pero muy varonil y reservado, muy de closet de donde no le interesa para nada salir), que se ocupaba del recibimiento de las autoridades dentro del aeropuerto. En ese momento, Nelson, estaba acompañando a una comitiva oficial. Nada más y nada menos que al estado mayor conjunto de las fuerzas armadas de Brasil.

La loquita, que ya no podía contener a los usuarios enojados, cuando ve pasar a Nelson, muy estresada, se sube a la cinta transportadora y comienza a llamarlo por su nombre, a voz en cuello, con la intención de pedirle ayuda.

Nelson se hacía el que no lo escuchaba. Después de repetir su nombre varias veces y no recibir respuesta, en su desesperación, subida a la cinta transportadora, sin importarle nada ni nadie, apuntando hacia donde estaba pasando Nelson y haciendo cámara con las manos como para ganar más potencia, le grita totalmente histérica: ¡Moooonaaaaaaaaaaaa!

Todos en ese sector del aeropuerto se dieron vuelta para ver qué sucedía. Todos menos uno, claro. Por supuesto que Nelson no acusó recibo, se hizo el desentendido y siguió su camino acompañando a los serios y circunspectos militares de la comitiva oficial.

(Continuará)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

son necesarias veintres partes???... en que anotabas todo? le comiste todas las servilletas al apizzeria!!!... por que esto paso una noche en una pizzeria, o no?... o tadavia estas en la pizzaria escribiendo?... me gusta el blog pero esta vez me aburri,abrazo.

Gordo puto, amén dijo...

La verdad no eran "necesarias". Pero la historia daba para contarla y fueron saliendo todas estas partes...

No usé las servilletas, tengo buena memoria (Además vivo con uno de los protagonistas y le fui preguntando todo lo uqe no me acordaba. Y al otro portagonista también lo fui consultando.).

Sí, fue una charla larga, en una pizzería.

Gracias por comentar, lamento haberte aburrido.