sábado, 19 de marzo de 2011

Baños, cines, saunas, estadios. (Parte cuatro)

Igualdad para todos

- ¿Y vos? – Me dirigía a Carlos. – ¿Cómo fue al comienzo?
- No sé si fue mi primera vez o mi primer hotel, - piensa Carlos en voz alta. – Me acuerdo sí de los escalones que crujían a cada pisada nuestra, para llegar a un hotel lamentable al final de una escalera terrorífica. Vimos, con mi acompañante de esa ocasión, cómo entraron varias parejas de hombres en ese hotelito. Luego de una larga espera en el hall de entrada, cuando nos toca nuestro turno, el empleado pregunta:
- ¿Dos hombres van a entrar?
- Sí, dos hombres, ¿y qué? ¿No se nota que somos dos hombres? ¿Qué, tiene algún problema? Entraron varias parejas adelante nuestro, muchas de dos hombres, ¿qué tiene de extraño?

Yo estaba como loco, - explica Carlos. - El tipo bajó la cabeza y nos dio el ingreso a la habitación. Era uno de esos hoteles tan ordinarios que te daban el juego de sábanas limpias y vos mismo te tenías que hacer la cama. Cuando entramos, nos sacamos la ropa y al sentarnos en la cama, crack, la cama que se rompe y quedamos con la cama en el piso.

Pero no íbamos a perder el turno reclamando que nos den otra habitación. Tiramos el colchón al piso, hicimos lo que teníamos que hacer y cuando salimos le avisamos al encargado que la cama estaba rota. ¡La bronca que tenía ese hombre!

Un completo listado

En las anécdotas que se sucedían sin interrupción en la narración de Carlos y Raul, fueron nombrados infinidad de lugares por los que en aquellos años se deambulaba. Cines en decadencia del centro de la ciudad como Don José, Barão, Marabá, Ipiranga, Paisandu, Ouro, Art Palácio, Arouche, Coral, Comodoro, Copan, Metrópole, Marrocos. Cines de la Avenida Paulista, muy elegantes y lujosos, como el Astor, Rio, Liberty, Bristol, Gazetinha y Paulistano. Los baños de las estaciones de subte: Sé, São Bento, Santana, Paraíso, Jabaquara, Ana Rosa, Vila Mariana, República, Barra Funda. Espacios comerciales como Mappin y Mesbla. O de lugares público como los baños de aeropuertos: el que estaba al lado de la sucursal del Banespa en el Aeropuerto de Congonhas, o el que aún existe, al lado de la sucursal del Banco do Brasil, en el Aeropuerto de Guarulhos. Los saunas explícitamente gay: For Friends, Bel Ami, Danny, Balneário Amazonas (conocido como Mafalda), Champion, Fragata 69, Le Rouge. O los saunas que no lo eran, pero se podían frecuentar sin peligro, como el que estaba en el barrio Santana, frente al presidio femenino, en la Avenida General Ataliba Leonel. Y los lugares menos pensados como la Galería Prestes Maia, la plaza Don José Gaspar, la plaza de la República, el Parque Trianón en la Avenida Paulista, el Teatro de Ópera, el Parque de Iburapuera, etcétera. Y finalmente aquellos territorios que, por su apariencia exclusivamente hétero sexista, quedarán -en la historia oficial- fuera de los anales que describen los territorios donde los hombres que aman otros hombres encontraban compañeros ocasionales (o no): los estadios de fútbol.

- Lo notable,- aclaraba Raul-, es que salíamos con dinero suficiente como para pagar ingresos a varios cines cada noche, si eran los del centro, claro. Ya los de la Avenida Paulista, más elegantes, costaban mucho más caro y no se podía pagar tantas entradas caras por noche. Pero en el centro, circulábamos de cine en cine, encontrando las mismas caras en diferentes lugares, a lo largo de una misma noche.

El Centro de San Pablo, desde finales de los años setenta, estaba en franca decadencia. Decadencia que en la década del ochenta -rememorada aquella noche- se acentuaría al retirarse de allí los Bancos y las principales actividades financieras hacia la Avenida Paulista, nuevo centro neurálgico de la ciudad. También los lugares comerciales comenzaban a trasladarse hacia los shoppings y, lo que había sido un circuito elegante algunas décadas atrás (con proyectos arquitectónicos importantes como los cines Ipiranga, Barão, Metrópole – que tenía imponentes espejos y una araña de enormes dimensiones digna de un palacio- y Copan; o ejemplos del kitsch lujoso como el Marrocos; o cines arte como el Arouche) en aquellos años había ido quedando relegado a públicos menos exigentes: el de los hombres que no tenían el mismo derecho que otros a establecer sus territorios de placer en los mismos lugares de la ciudad.

Porque como dice George Orwell en Rebelión en la granja, en toda sociedad igualitaria, siempre hay ‘algunos que son más iguales que otros’. Y los hombres que se aman entre sí, es sabido, eran (y somos) algunos de los menos iguales.

Sucedió entonces que aquellos cines, ante la posibilidad de cerrar definitivamente sus puertas, fueron transformándose en cines porno. No es que los cines, a secas, no hayan sido antes de esos años un lugar de levante, solo que las leyes del mercado se conjugaron para que entonces naciera ese peculiar lugar de circulación y encuentro; lugar donde, más fácilmente y sin error, se podría encontrar lo que se buscaba. Así, desde finales de los años setenta hasta mediados de los noventa, los cines porno se sumaron a aquellos otros territorios (baños, saunas, lugares públicos, transportes) que ya habían sido incorporados por aquellos hombres, en su urgente búsqueda de placer, a su coto propio.

(Continuará)

2 comentarios:

Edu dijo...

Caramba, esta parte 4 está um verdadeiro "Googay Maps" !! :-) Eu nem desconfiava de vários deles! Beso!

Gordo puto, amén dijo...

Olá Edu,

estaba com saudades de você.

Está gostando?

Abraços.