martes, 24 de enero de 2012

Desnudos subjetivos


Cuando tenía unos 10 u 11 años, a inicios de la década del ’70, en casa se compraban unos fascículos sobre Italia. Mis padres, italianos, con nostalgia de su tierra, trataban de acercarse a su pasado de algún modo, al tiempo que querían mostrarnos a nosotros, sus hijos, las bellezas de su terruño natal.

Los fascículos traían información sobre las ciudades, su geografía, su historia y, principalmente, su arte. Una buena forma de vender Italia para quienes no la conocían.

En el número correspondiente a Roma, entre las ilustraciones de la Capilla Sixtina y el Coliseo, había una reproducción a página completa del David, de Miguel Ángel. El fascículo había llegado recientemente y estaba en la mesita del televisor, aquella que tenía un estante para las revistas de programación y donde se acumulaban diversos objetos (el estabilizador, por ejemplo) y papeles varios (diarios viejos, sin duda). Como la ilustración iniciaba aquel puñado de hojas en papel brillante y a colores, la obra genial del artista italiano aparecía en todo su esplendor a primera vista.

Por aquellos años yo tenía un amiguito del barrio uno o dos años menor que yo.  Él venía mucho a casa, a jugar, ver la tele y esas cosas que hacen los chicos a esa edad. Sentados frente al televisor, Danielito, que así era como se llamaba mi amigo, queda muy sorprendido al ver la reproducción del David.

- ¿Qué es esa revista?
- De mi vieja. – Fue todo lo que respondí.  

No habló más esa tarde. Al menos en mi casa. Sí lo hizo en la suya. Al día siguiente Danielito no vino. Vino su mamá. Se la notaba muy alterada.

- ¿Está tu mamá? – Preguntó cuando fui a abrir la puerta.
- Ya la llamo.

Cuando mi mamá llegó a la puerta, la vecina pidió hablar a solas con ella. Cuando mi madre cerró la puerta y regresó a la cocina, me pareció ver que de sus ojos salía algo como fuego.

- ¿De dónde sacaste vos que yo tengo revistas de hombres desnudos? – Dijo junto con el primer sopapo.

Yo no entendía nada.
Me contó entonces de la indignación de la madre de Danielito que le vino a plantear como podía ella tener revistas de hombres desnudos a la vista de los chicos.

- ¿De qué revistas está hablando esa mujer? – Gritó con la mano en alto, lista para seguir su trabajo justiciero.

Ahí entendí. Antes del segundo cachetazo corrí hasta la mesa del televisor y le mostré la revista con el David en tapa.

Como decían los escolásticos: Todo lo que se recibe, se recibe de acuerdo a la forma del recipiente.

8 comentarios:

conunojosolo dijo...

Ufff!!! hasta a mí me dolieron esos cachetazos! Y cómo reaccionó tu mamá al darse cuenta de qué revista hablaba la vieja!?

Gordo puto, amén dijo...

Mamá no tiene un gran humor.
Además es de aquellas personas recontra-re-católicas.
Imaginate que le hagan justo esa acusación!

Pero ese día se rió con ganas.

Anónimo dijo...

Ja, ja, ja! Me imaginé al nenito contando el chisme en el barrio. Y ahora que leo tu respuesta, el chisme destruyendo una reputación de santurruna con ese comentario desafortunado. Muy bueno. Jorge.

Gordo puto, amén dijo...

Claro Jorge.

Ahora me parece que no siempre es bueno creer al pie de la letra todo lo que se comenta en el barrio...

Gracias por pasar y comentar.

E ヅ dijo...

Que bom que a mamãe riu muito ao final. E eu pergunto: e você? via aquilo como arte ou como "homem pelado"??

Gordo puto, amén dijo...

Oi Edu!

Eu estudava desenho e pintura desde muito pequeno. Já conhecia o nome de Miguel Angel.
Em casa também havia uma enciclopédia com muitas ilustrações de escultura e pinturas.
Eu gostava de olhar essas ilustrações...
Mas para mi era todo homem e mulher pelada, sim.
Pena que esse tal de David era tão magro...rsrs

Anónimo dijo...

jajja qué garrón; medio que uno así aprende a medir los efectos de la verdad.
Igual al final tu vieja estuvo bien.
Diego.

Gordo puto, amén dijo...

Gracias Diego por pasar y comentar.

Abrazo.