miércoles, 6 de enero de 2010

El pibito

Mi amiga la Tere dice que veo gays por todos lados. Mi amigo Carlos dice que uno ve en el otro lo que quiere ver. Diego es optimista, interpreta como una gloriosa expresión de deseo que algún hombre hermoso pueda ser homosexual.
En este caso, yo no me di cuenta que el pibito era gay, hasta que él me lo dijo. Lo sospechaba, pero nunca lo habría afirmado.
Al pibito lo conocí cuando comencé a trabajar en radio, a mediados de los ochenta. Me habían ofrecido un espacio en una radio de pueblo y al ir tomando contacto con los que por allí deambulaban, lo conocí. No tenía más de catorce o quince años. Alto, flaco, desgarbado, el pelo negro un poco largo, mirada tímida y triste. Se acercaba a la radio, como era típico de aquellos años, con una pila de vinilos debajo del brazo. Se quedaba mirando desde los controles y sin hablar. Hasta que le ofrecieron musicalizar un espacio. Le fue pasando los impecables long plays al operador y señalando los tracks. Un día faltó un operador y el pibito estaba allí con su pila de discos. Le preguntaron si se animaba a operar y aceptó. En poco tiempo se convirtió en operador y musicalizador de la radio. Así lo conocí. Luego yo dejé esa radio cuando fui convocado para dirigir una nueva emisora en el mismo pueblo. Allí, algunos meses después, volví a trabajar con el pibito, ahora operador de la nueva radio. Pero no fue por mucho tiempo, por cuestiones que adujo personales, dejó su puesto y perdimos contacto por un breve tiempo.
Como teníamos vínculos comunes lo encontraba de cuando en cuando en reuniones y fiestas en casa de amigos. Casi siempre llegaba y se iba solo.
Pasada la primera mitad de los noventa, un día, recibí un llamado telefónico suyo. Me invitaba a una reunión para hacerme una propuesta. Tomé la dirección y fui. Era en casa de otro chico de más o menos su edad (pasando los veinticinco). La propuesta era hacer juntos un nuevo formato de radio. Yo tenía ya mi emisora y ellos una idea nueva. La concretamos y fue un éxito.
Por esos días el pibito tenía una novia, con la que terminó pronto, y a pesar que ella lo llamaba por teléfono y le mandaba regalos a la radio, él no quiso volver a salir con ella. Durante los cinco años siguientes nunca más una novia. Ya pasaba los treinta el pibito (ahora el pibe) y yo me fui del pueblo y la experiencia de radio compartida terminó.
Mi ida tuvo que ver con el final de una larga relación y la necesidad de nuevos aires. Una tarde en la radio, poco antes de la partida, mencioné al pasar cual era el motivo real de mi alejamiento del pueblo (por aquellos años yo seguía en el más absoluto closet). El tuvo una frase de comprensión.
Poco después de llegar a Buenos Aires me fui convirtiendo en un puto famoso, al año ya había estado en radio con la Negra Vernaci y había salido mi foto en un par de revistas. Entonces el pibe me mandó un mail. Con alegría le respondí y comenzamos a intercambiar noticias de ambos. Hasta que en uno de los correos me contaba que hacía tres años estaba en pareja con un médico de un pueblo vecino y que les gustaría venir a una de nuestras fiestas de Osos. Le pasé día, hora y lugar y allí nos volvimos a encontrar, seguía flaco, desgarbado y comenzaba a perder el pelo, ahora más corto; la misma mirada tímida ya no era triste. Me presentó a su pareja y pasamos algunas horas compartiendo unas cervezas, música y charlas triviales.
Aún mantenemos el contacto vía mail. Él sigue sin salir del closet y es feliz a su manera.

2 comentarios:

ALICIA dijo...

Definitivamente: UN GENIO NARRANDO!!me fasina como escribis!!!Besos, feliz año 2010!

Gordo puto, amén dijo...

Gracias Alicia.
Feliz año, besos.