sábado, 6 de noviembre de 2010

Manual de histeria Osuna

Siempre me pasa. Cada vez que leo algo bien escrito. Se me revuelven las tripas. ¿Por qué no puedo escribir así? ¿Por qué no consigo escribir como Xtian Rodríguez o tener ideas brillantes como Hernán Casciari? ¿Por qué mis relatos o crónicas o posteos o lo que carajo sea lo que escribo siempre tienen un tono que parece destinado a complacer a los lectores? Las historias –repetidas- buscan, casi siempre inútilmente, un título vendedor, alguna frase con gancho o un final con remate divertido. Y nunca asoma algo que se parezca a una escritura que pueda desestructurar el discurso único con imágenes avasalladoras.
Y sin embargo vuelvo. Insisto. Y me sigo sorprendiendo al ver que el número de personas que pasan por el blog aumenta cada día. Y me cargan las pilas los comentarios de los lectores, sobre todo los que piden más, cuando me ausento más de lo esperado. Y pienso entonces desde dónde contar mi última incursión en un mundo que reclamo como propio y con el que tengo tantas diferencias.


Pero no argumentaba racionalmente la noche de la última fiesta de los Osos de Río de Janeiro. Después del reencuentro con los amigos, pensaba en cómo convencer carnalmente a algún hombre (que me resultara irresistible) a coincidir en mis ganas. Y me paré frente al que más me calentaba y mirándolo a los ojos disparé – Nos comunicamos por la página de los Osos ¿te acordás de mí? – lancé sin ningún prolegómeno. – Claro que me acuerdo, sos el argentino – respondió. - Puedo cumplir tu fantasía cuando quieras – anuncié sin rodeos. – ¿Me vas a decir groserías en español mientras cogemos? – preguntó, en perfecto portugués, mientras me sostenía la mirada.
Estábamos cerca de la barra, cerveza en mano. La música repetía su ritual hipnótico. – Acá va un adelanto, reventadito – dije al tiempo que comenzaba a besarlo furiosamente y él se dejaba besar mansamente y mis manos lo exploraban y sus ojos seguían clavados en los míos. –Vamos para arriba – fue la única propuesta posible después de varios minutos de intenso escarceo, proponiendo el dark room como correlato. – No. Estoy con un amigo. Después te veo – y sin despedirse caminó hasta donde estaba su amigo y comenzaron a bailar.



Dejé la botella vacía sobre la barra y encaré para el baño. En el camino me crucé con otro Osazo imponente. Avancé mirándolo fijo a los ojos y me sostuvo la mirada. Me olvidé de las ganas y me puse a conversar. Aceptó una cerveza; aceptó ir a la pista a bailar un poco; se dejó acariciar sin reservas; cuando propuse el beso, me interrumpió. – Me cansé – dijo – voy a descansar un rato. – Te acompaño – propuse, dando por entendido que dejaríamos de bailar y seguiríamos los rituales de ese particular cortejo de apareamiento nocturno. –No – me sorprendió – quiero estar solo un rato. Para mirar. Después nos vemos.
Y se paró al costado de la pista: a mirar.
Fue cuando pensé que sería útil escribir un manual de histeria osuna para prevenir a los que se descorazonan fácilmente. Se me ocurrió pensar que si bien no les disgustaba lo que tenían disponible, querían ver si conseguían algo más. O no, quien soy yo para sacar conclusiones. Pensé sí –sin embargo-, si habíamos ganado o perdido con la creación de espacios con estamentos tan definidos.


Cuando la fiesta ya comenzaba a declinar, me encaminé al dark room, tratando de consolarme al imaginar que recuperaba algo de aquellos territorios y categorías que tanto costaron erotizar y que la sociedad de consumo convirtió en negocio rentable. En la puerta estaba el segundo de los que esa noche me puso en lista de espera. Tocándolo provocadoramente, bajando desde el pecho, demorándome en la panza hasta rozarle la bragueta al alejarme, entré al cuarto oscuro.


No tuve tiempo ni de adaptarme a la nueva oscuridad cuando una mano me agarró desde atrás. Giré, y al recorrer pecho-panza-bragueta, concluí que eran los mismos que había tocado segundos atrás. Esperé que tomara él la iniciativa y lo hizo: me besó salvajemente mientras se desprendía con una mano el cinturón y con la otra me abrazaba desesperadamente. Seguí su juego y respondí enérgicamente a cada una de sus propuestas. Entonces me sorprendió una vez más. Acercó a su lado a quien lo acariciaba tímidamente desde un costado y comenzó a besarlo mientras dejaba que yo juguetee con mis dientes en su demandante pezón endurecido. Entonces aproveché y me replegué en la retaguardia –la suya-, mostré mi táctica y conseguí imponer mi estrategia.



Cansado pero contento, me acomodé la ropa y busqué la salida. Con la última cerveza me fui despidiendo de los amigos. Camino a casa no podía dejar de pensar en los modos de relacionarnos: Tantos sexos como personas, dijo aquel gran pensador. ¿Existe una histeria osuna? No sé si me interesa pensarlo. ¿Habrá posibilidad de volver a conquistar el espacio público más allá del día de la Parada Gay? Ojalá, pero me acordé de algo que leí hace poco: que en la TV local –a pesar de haber sido hasta grabado para una historia de amor gay – nunca se puso al aire un beso pasional entre dos hombres. Panorama sombrío. Y sentí que los esfuerzos de la Presidenta electa por desmentir los rumores que circularon por internet durante la campaña electoral sobre su apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo, no eran una buena señal. Ponen el giro a la izquierda y doblan a la derecha, remataba aquel viejo chiste de los sesenta. Histeria política, ese manual hay que escribir, es más urgente.

6 comentarios:

Dois Ursos dijo...

Lemos com dificuldade o espanhol, mas acredito q conseguimos entender uns 90%, rsrsrs. Manual de Histeria Politica é otimo.

Gordo puto, amén dijo...

Oi Meninos, obrigado por ter passado por aqui.

90% são bom, rsrsrsrs.

Voa passar a dica do Manual para os políticos.

Abraços.

Edu dijo...

Oi Franco!

No me espanta que siempre te pidan más - escreves muy muy bien!! Demi parte estoy muy contento de finalmente conocer un "blogueiro" (existe esa palabra en español?) argentino. Uno de mis profesores de español era argentino. Y barbudo. Un oso atraente. Pero yo era bastante más tonto y no he descubierto nada (sí, era gay y oso!!) hasta unos años después.
No tengo tantas esperanzas con la presidenta en esa cuestión. Ojalá me sorprenda positivamente!

Beso!

Gordo puto, amén dijo...

Oi Edu!

La palabra existe, es "Bloguero" en español.

Gracias por pasar y comentar (apreciación muy generosa la tuya sobre mi escritura).

Abrazo.

el osculador dijo...

Hola Franco. Tu escritura sabe llamar la atención. Me interesa mucho cuando cuentas tus experiencias osunas en Rio. Sigue adelante.

Saludos desde Argentina.

PD: me gustan los tirantes de Raúl. ¡erotismo!

Gordo puto, amén dijo...

Querido Osculador

Gracias, generoso como siempre.

La foto con Raul es parte de una serie que hicimos para colaborar con un amigo estudiante de diseño.

Abrazo argentino desde Brasil.