miércoles, 7 de octubre de 2009

Soy lo que soy.

- Hola Sergio.
- Hola Nene, ¿qué contás?
- Todo bien. Hoy cumple años Raul, y vamos a festejar.
- Me imagino. Mandale besos. Igual yo ya le mandé mail y el finde nos vemos.
- Sí. Vos, ¿todo bien?
- Sí. Lo de siempre. De casa al trabajo y del trabajo a casa. Vos viste que soy casero.
- Sí, sé. ¿Sabés? Me quedé pensando algo que hablamos el otro día.
- ¿Qué?
- Yo te contaba del gordo que veo hace varios años y que no se reconoce ni homosexual, ni bisexual. Y vos me dijiste. “Si se calienta con otro tipo, es. Lo que quiera llamarlo, pero es.” O algo así, ¿no?
- Sí, más o menos eso. ¿O no?
- Sí. Solo que me quedé pensando en la necesidad que tenemos de poner nombres. Yo creo que hay tantas sexualidades como personas en el mundo. Y cada uno hace lo que puede.
- Sí Nene. Pero el tipo debe sufrir bastante. Le gustan los hombres y ni siquiera se anima a ponerle nombre. Por más que esté casado con hijos, y que en apariencia sea uno más, el tipo es diferente y debe sufrir bastante.
- Un día me contó que después que está con un hombre, le queda como una culpa. Pero cuando pasan unos días, como que se olvida y ya empieza a intentar tener otro encuentro. Muchas veces me quedo pensando en la cantidad de personas que deben sufrir en soledad no poder ser lo que sienten. Éste lo maneja de alguna manera, no se anima ni a nombrarse pero en la práctica concreta con mujeres y hombres y lo sobrelleva.
- Estás un poco retórico, ¿en qué andás?
- Estamos haciendo el discurso de Osos para leer en el escenario de la marcha, y estoy buscando por dónde arrancar, y esta situación de personas que no pueden ser lo que son, y todos los rótulos y las auto discriminaciones y las banderas, qué se yo. Estoy leyendo unos textos re viejos, de 1928 y me están partiendo la cabeza.
- Textos, ¿de quién?
- De América Scarfó, la compañera de Severino Di Giovanni, el anarquista, ¿te acordás?
- Claro, el que fusiló el estado argentino.
- Bueno, la mina, hace ochenta años decía que, te leo: “Tenemos que actuar, en todos los momentos de la vida, de acuerdo a nuestro modo de ver y de pensar, de manera que los reproches o las críticas de otra gente encuentren a nuestra individualidad protegida por los más sanos conceptos de responsabilidad y libertad en una muralla sólida que haga fracasar a esos ataques. Por eso debemos ser consecuentes con nuestras ideas... Soy una joven estudiante que cree en la vida nueva. Creo que, gracias a nuestra libre acción, individual o colectiva, podremos llegar a un futuro de amor, de fraternidad y de igualdad. Deseo para todos lo que deseo para mí: la libertad de actuar, de amar, de pensar. Es decir, deseo la anarquía para toda la humanidad. Creo que para alcanzarla debemos hacer la revolución social. Pero también soy de la opinión que para llegar a esa revolución es necesario liberarse de toda clase de prejuicios, convencionalismos, falsedades morales y códigos absurdos. Y, en espera de que estalle la gran revolución, debemos cumplir esa obra en todas las acciones de nuestra existencia. Para que esa revolución llegue, por otra parte, no hay que contentarse con esperar sino que se hace necesaria nuestra acción cotidiana. Allí donde sea posible, debemos interpretar el punto de vista anarquista y, consecuentemente, humano. En el amor, por ejemplo, no aguardaremos la revolución. Y nos uniremos libremente, despreciando los prejuicios, las barreras, las innumerables mentiras que se nos oponen como obstáculos.”
- Muy lindo, pero si yo le propongo a mi gordo que, ¿cómo decía la mina? “Nos unamos libremente”, el gordo hace el bolso y me deja uniéndome libremente con quien quiera, pero él se va.
- Entiendo.
- Además, yo no sé si me bancaría una relación así. Tengo muy internalizado el modelo monógamo.
- Veo. Bueno. Te dejo. Hablamos.
- Dale. Un beso.
- Cuidate.

2 comentarios:

Diego dijo...

Franco, mandale mi feliz cumpleaños a Raul y dale un beso en la panza de mi parte.
Bien por el texto, aunque te paso una receta para ser aún más feliz: al amor puro del anarquismo libertario lo tenés que disolver en dos cucharadas de revolución y después de tomarlo en ayunas a la mañana te paseás por las playas de Rio en pelotas. Después me contás cómo te fue.
Otro beso para vos,
dt

Gordo puto, amén dijo...

Beso en la panza, entregado.
Receta anotada. En breve será practicada.