martes, 21 de diciembre de 2010

Como al Señor Barriga


Durante algún tiempo, como al Señor Barriga, me tocó ir a cobrar el alquiler.

Yo trabajaba para una gente que tenía algunos inmuebles en alquiler y, entre otras tareas, cada comienzo de mes, debía ir a cobrar los alquileres.


De todos había dos que me interesaban particularmente ir. Uno era un local comercial, cuyo titular era un interesante señor maduro, redondito y calvo. Pero que siempre estaba con su esposa detrás del mostrador. Por aquellos años yo ya había salido un par de veces en televisión hablando de los Osos. La mirada pícara que me dedicaba cada comienzo de mes el comerciante parecía querer decirme: “yo sé”. Pero la permanente presencia de la esposa anuló toda posibilidad de esclarecer si realmente sabía o no; y si, en definitiva, tenía esa mirada alguna otra intención.

El otro era el alquiler de un departamento. Aquí estaba todo claro. Los inquilinos eran una pareja de Oso y Cazador que yo conocía de verlos en las fiestas de Osos. La metodología con todos los inquilinos era idéntica: llamar por teléfono los primeros días del mes para consultar cuando podía pasar a buscar el dinero y entregar los recibos.
De la pareja el que estaba en casa en el horario en que yo podía pasar era el Oso. Yo llamaba al inicio de mes, el daba un día y una hora y yo pasaba a intercambiar dinero por recibo. No pasaron más de dos meses, al tercero, combinado el día y la hora, me presenté, como el Señor Barriga, a cumplir mi tarea.


Toqué timbre y, aunque eran el día y la hora combinados, no respondía nadie. Insistí. El departamento era en planta baja y a la calle. Al tercer intento, desde detrás de la ventana, preguntan quien estaba llamando. Me identifiqué y mencioné que estaba allí por el alquiler. Se abrió una hendija de la persiana y asomó una mano con un llavero. – ¿Podés pasar, que estaba por entrar a bañarme, y me da fiaca volver a vestirme para ir a abrir?
Claro que acepté. Entré y el simpático Osito estaba solo con una toalla a la cintura. – ¿Estás apurado? - Preguntó. – Dame un minuto que ya estoy con vos. – Dijo sin esperar mi respuesta.


Y cumpliendo la promesa, muy poco tiempo después, ya bañado salió del baño… en slip. Yo estaba aún en el hall, recibo en mano. – Vení que te pago, tengo la plata en el dormitorio. – Cuando me pasó cerca, rumbo al dormitorio, ya no lo perdoné más. Lo agarré por la cintura y lo presioné contra mi cuerpo. Antes de besarlo le pregunté el por qué toda esa puesta en escena. -Ya que no tengo un cuerpo hermoso – respondió – me gusta entregarlo limpito.
De allí en adelante, cada comienzo de mes, me esperaba ya bañado.

8 comentarios:

Edu dijo...

Ai ai ai, eu não deveria ler essas coisas assim logo de manhã, rsrs... :-) Besos y feliz navidad!

Jo el osito dijo...

Hola Franco, me encanto el relato, no dejo de imaginarme al osito paseándose en slip contorneando su gruesa figura, y una vez más… me siento un salame jaja.
Abrazo de oso JO.

el osculador dijo...

Nada como entregarse limpito.
Excitante anécdota. Despertó mi imaginación. Si que sabes mantener el interés en el relato. Acertada elección de las fotos que acompañan la historia.
Abrazo grande.

Gordo puto, amén dijo...

Edu

Depois do cafe da manhá? rsrs Obrigado por pasar.

Jo

Una vez más, la idea es que nos sintamos bien!

Guibu

Gracias por tus palabras.
Abrazos de los dos.

Anónimo dijo...

como me calentaba el señor barriga... no puedo explicarlo, jej, cuando se agachaba a levantar su portafolios que invariablemente el chavo le hacia caer, me daban unas ganas de apoyarlo de atras...
boris

Gordo puto, amén dijo...

Totalmente Boris.

A mi me sigue calentando, ja.

Aunque ahora está super delgado, por cuestiones de salud.

Abrazos.

liseano dijo...

so tem coisinha linda no blog nossa que bom parabens pelo blog adorei

Franco Gordo Puto dijo...

Muito obrigado Liseano.

seja bemvindo!